GUAY | Revista de lecturas | Hecha en Humanidades | UNLP

NOVELA GRÁFICA / GEOGRAFÍA

MALENA MAZZITELLI MASTRICCHIO


Vamos a la playa (2018)
de Azul Blaseotto

VAmos a la playa tapa

Territorios dibujados. Una historia territorial en la novela gráfica de Azul Blaseotto

     Soy geógrafa, para algunos una rareza; pero, pese a eso, mis títulos de grado y posgrado lo acreditan. Muchos de mis colegas me encierran en categorías un tanto inútiles solo por considerar a los territorios inmateriales como parte de mis objetos de investigación; otros creen que mi trabajo no se enmarca dentro de lo que es la geografía. Acusar: una gran especialidad, como si la geografía se redujera sólo a lo que ellos hacen; en fin, parece que nunca leyeron sobre la lucha de los campos epistemológicos de la que nos habla Bourdieu. Hacer geografía implica –entro otras cosas- poder describir, narrar y dibujar el espacio, ¿cuántos de nosotros llevamos un cuaderno de notas? Ahora bien, ¿describir, narrar y dibujar son sólo patrimonio de la geografía? No, la diferencia radica en que los geógrafos recurrimos a la teoría para analizar esa descripción. Son las teorías las que nos ayudan a leer y acercarnos ontológicamente al espacio: cómo lo nombramos (región, lugar, territorio u otros), cómo explicamos los procesos espaciotemporales, cuestión que varía según la teoría en la que nos apoyemos, porque cuando cambiamos la teoría, modificamos las preguntas y la interpretación de la descripción. 

     Ya hace tiempo se plantea que la geografía es una disciplina visual. Es sabido que los geógrafos y las geógrafas dibujamos para narrar nuestras descripciones. De hecho, ya en el siglo XIX el geógrafo inglés Halford Mackinder advertía el carácter visual de la disciplina. El dibujo más conocido en nuestra asignatura es el mapa. Pero, en su afán de no perder la objetividad científica, algunos geógrafos sólo se basan en cartografías “científicas”, en tanto resultado de largas cuentas matemáticas donde la escala y la proyección son los dos pilares más importantes. Sin embargo, como lo plantea el cuento de Borges o, muchos años antes, Lewis Carroll en Silvia y Bruno, la escala perfecta vuelve al mapa inutilizable. Podemos decir que la inadecuación es intrínseca a la cartografía (Goodman, 1972). ¿Entonces? ¿Los geógrafos somos los únicos que hacemos mapas? ¡Claro que no! Las sociedades tenemos derecho a mapearnos, dice Giselle Gerard.

 

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     Empecé esta reseña de manera autorreferencial, porque el libro que estoy por reseñar no es un libro de la academia geográfica, no es un libro académico, sino que es una novela y contiene mapas. Muchos dirán: las ciencias sociales -como la geografía- deberían incluir a las novelas como parte de su formación, y sí, deberían. Este libro, además de no ser académico, es una novela gráfica (sí, tiene imágenes y muchas). 

     Vamos a la playa es una novela gráfica realizada por la artista visual Azul Blaseotto publicado en 2018 por la editorial Tren en movimiento. El libro llamó mi atención por la cartografía que la artista incluyó, inadecuada, pero ¿existe alguna cartografía que no lo sea?

     Empero, elijo reseñarlo por otros dos motivos: el primero porque intento enmarcar mi trabajo geográfico dentro la corriente de pensamiento que se llama “Cultura Visual”. Trabajar con imágenes del espacio geográfico (cartografías, fotografías, por ejemplo) implica no usarlas como ilustraciones, implica no dejarlas subordinadas al texto. Yo había leído sobre esa exigencia, pero nunca había leído una novela gráfica: lugar donde imagen y texto son entrelazados para relatar una historia. El segundo motivo es que el libro de Azul es una novela sobre la historia territorial de la provincia Buenos Aires.

     Berger comienza su libro afirmando que “dibujar es descubrir” y efectivamente el dibujo de Azul muestra un acto de descubrimiento. Descubre la espacialidad bonaerense: ese conjunto de prácticas simbólicas y materiales desplegadas por las sociedades a lo largo del tiempo para apropiarse de un espacio. Relata y reconstruye la historia territorial de la provincia de Buenos Aires con la palabra y con la imagen. El libro narra la multiplicidad, la diversidad y la desigualdad de las prácticas sociales que se conjugan para construir el espacio geográfico: la conquista de la Pampa; la política de Juárez Celman y sus consecuencias para la clase obrera argentina… Historia territorial que permanece, hasta nuestros días, objetivada en el espacio. 

     La manera en que entrelaza texto e imagen dan por resultado un recorrido que no desorienta al lector; la palabra relata una historia que no se comprende sin las imágenes, y a la inversa; al mirar las imágenes la palabra vuelve a orientar al lector en la trama de la historia-territorial. Imagen y texto se complementan, no hay jerarquía: ambas conforman el entrelazamiento de la novela. Para mí fue como entender empíricamente las palabras tantas veces abstractas de la bibliografía.

     La novela comienza con un recorrido en tren, aparentemente lineal, desde la estación de Constitución hasta la ciudad de Dolores. Durante el recorrido es posible reconstruir la geografía bonaerense como si mirásemos por la ventana: la pampa verde y amarilla. Una geografía que no se limita al espacio físico, sino que Azul (re)construye ese espacio histórico, político y contradictorio del que tanto nos gusta hablar a los geógrafos. En esa reconstrucción pone en evidencia la investigación que llevó adelante: desde la historia de los ferrocarriles en la Argentina hasta el reparto de tierras entre las principales familias de terratenientes. Recurre a informantes claves, baqueanos, aquellos que conocen su lugar, aunque el lugar sea el vagón de un tren en constante movimiento (como el personaje de Raúl, que relata en primera persona su propia espacialidad). Azul dibuja mapas que amojonan el relato al territorio bonaerense: los topónimos, la Ruta 2 y el recorrido del ferrocarril, la sorpresa de superponer corredores. 

     Sin olvidarnos que se trata de una ficción, el libro es un relato del espacio vivido, y esto se hace más evidente en la experiencia espacial que los personajes tienen en la ciudad de Dolores. Esa sensación de no ser bienvenidos es remarcada por los dibujos de los habitantes. Imagen y palabra se compensan para hacer sentir al lector la misma hostilidad. Lo interesante es la explicación que el relato ofrece para entender ese malestar de la ciudad ante la presencia de extraños. Lejos de naturalizar las actitudes sociales (o de caer en ese viejo determinismo ambiental), la autora busca una explicación que es socioterritorial, incluso puede leer los silencios de los mapas para dar esa explicación; y visibiliza ese silencio en su cartografía: los amojona en el espacio del libro, en la vista del lector, y en el territorio de la provincia de Buenos Aires. 

     El libro recupera las rugosidades del territorio bonaerense, esas marcas que la historia dejó en el espacio: fábricas, estaciones, boletos de trenes, árboles que explican la historia de un pueblo y de un soñador. 

     Vamos a la playa es un relato de la historia territorial de una parte de la provincia; indispensable para aquellos que veraneamos en sus costas y que nos quejamos del viento y del agua fría pero que siempre nos maravillamos con la inmensidad del mar. El libro, ficción o no, es un atravesar en el tiempo y en el espacio. Muestra que el espacio es vivido, es un proceso histórico y no solo un escenario inerte. Azul nos permite conocer una parte de la historia que conformó nuestras playas.

     Para terminar, me gustaría recuperar un diálogo de los protagonistas:

¿Qué haces?

Dibujo para no olvidarme.

     Acaso, ¿los y las geógrafas no dibujamos nuestras descripciones para no olvidamos? Azul sabe, como dice Rosana Uber, que no se puede llevar el campo al gabinete. Tenemos que confiar en el registro, pero no quiero dejar de preguntarme ¿cuán fiel puede ser la memoria ante un dibujo? Incluso la del mismo dibujante. Los recuerdos, ¿no nos cambian con el tiempo?

MALENA MAZZITELLI MASTRICCHIO

Es doctora en Geografía e investigadora de CONICET. Estudia temas de historia y epistemología de la cartografía y el territorio en el Grupo de Cartografía e Historia Territorial (CeHiT) del HITEPAC-UNLP y en la Universidad de Buenos Aires (CNT-FyL). Es adjunta de cartografía de la FyL- UBA y JTP en Geografía Humana FaHCE-UNLP.