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CINE/CIENCIA FICCIÓN

NICOLÁS A. TRIVI

40 años de Volver al Futuro (1985-1990): una lectura espacial

     En estos días se cumplen 40 años del estreno de la primera entrega de la trilogía Volver al Futuro (dirigida por Robert Zemeckis), una de las obras de ciencia ficción más influyentes de Hollywood. Con fanáticos alrededor del mundo, referencias varias en otras películas y hasta fake news sobre una improbable cuarta parte, tiene su lugar ganado en la cultura popular contemporánea. Su estética posmoderna basada en el collage y las citas abreva en el cyberpunk, la comedia juvenil y hasta el spaghetti western. Pero más allá de sus gags y las virtudes de su guión, es una sesuda reflexión sobre su contexto histórico (y geográfico). Trataré de hacer una lectura en clave espacial de la trilogía, basándome (además de las tres películas), en materiales extra de la edición en DVD de la trilogía (escenas eliminadas y testimonios de los realizadores, cuyas frases más significativas encabezan los distintos apartados).

     Al presentar las aventuras de Marty McFly y el “Doc” Emmet Brown en la localidad ficticia (y oxímoron topográfico) de Hill Valley, hace un repaso de 130 años de historia de la urbanización estadounidense (y acierta con varios pronósticos). Además, el célebre DMC DeLorean (más exitoso en el celuloide que en el mercado) encarna un factor clave de la movilidad y el cambio urbano del siglo XX, diferenciándose de los instrumentos para viajar en el tiempo de La Máquina del Tiempo (la novela de H.G. Wells) y otras ficciones con viajes y paradojas temporales. 

“Lo que sucede cuando pasan 30 años”: Hill Valley entre 1955 y 1985

     Volver al Futuro I muestra el pueblo de Hill Valley de 1955, con su centro consolidado y corazón de la vida comercial y social, aún basado en la peatonalidad, durante el momento de auge del capitalismo fordista, en una versión idealizada del período de posguerra. Pero también muestra cómo los desarrolladores urbanos harán crecer la ciudad hacia los suburbios, a través del boosterismo, con el futuro barrio de Lyon Estates promocionado como “la vivienda del futuro”. Las actividades agropecuarias siguen estando próximas, antes de ser desplazadas por nuevos usos urbanos y comerciales.

    Mientras tanto, el Hill Valley de 1985 tiene un centro degradado, con la plaza principal convertida en un estacionamiento, la escuela en decadencia y el mall Twin Pins (que supo ser una granja) concentrando la actividad comercial. La ciudad, crecida a costa de gente que perdió o malvendió sus propiedades (como la antigua mansión familiar de los Brown), se basa en la movilidad del automóvil, y se ha convertido en un lugar hostil del que es preciso salir, a menos que se tenga la suerte de habitar los nuevos conjuntos habitacionales de lujo como Hilldale. El presente de la ficción (y del estreno de la saga) es el momento de crisis y declive de la ciudad industrial occidental como consecuencia de la deslocalización de las fábricas hacia las periferias del mercado mundial.

      A pesar de su tono liviano, la película de Zemeckis dialoga con el clima opresivo de la ciencia ficción de su época. La pionera Soylent Green (Richard Fleischer, 1973) había mostrado una ciudad donde cunde el hacinamiento y el calor es insoportable, mientras irse a vivir al campo está prohibido por el gobierno, y donde acceder a un plato de comida real se ha convertido en un lujo. Más cerca en el tiempo, Blade Runner (Ridley Scott, 1982) marcó una bisagra estética con una ciudad de Los Ángeles superpoblada y sobrevolada por vehículos que invitan a emigrar a otros planetas (si la salud y el dinero lo permiten), mientras que en Escape from New York (John Carpenter, 1981) la ciudad directamente es una cárcel. A su manera, Terminator (James Cameron, 1984) también plantea la necesidad del escape de la ciudad ante la amenaza tecnológica. Del mismo año de la película de Zemeckis es Brazil (Terry Gilliam, 1985), donde una absurda dictadura oprime a la población en una urbanización gris y anónima. 

“Un Blade Runner luminoso”: anticipando la gentrificación

     Volver al Futuro II es sin duda la más compleja de la trilogía. Estrenada en 1989, busca predecir el futuro y añade elementos a discutir su presente. En la hipotética Hill Valley de 2015 muestra un centro recuperado para el ocio de las clases altas, con la arquitectura convertida en una escenificación para el consumo. La icónica fuente de sodas ahora se llama Café ‘80s, anticipando la idealización de esa década que realiza San Junípero (Owen Harris, 2016) como parte de Black Mirror, por otra parte, la industria de la nostalgia ya tiene sus anticuarios del siglo XX. Mientras tanto, la otrora codiciada urbanización de Hilldale se ha degradado y vuelto peligrosa. La tecnología de los autos voladores genera nuevos problemas urbanos y fragmenta la ciudad a distancias inimaginables previamente. La película acierta en retratar la revalorización de la centralidad urbana de la gentrificación, a través de la cual se desplazó a la población de bajos recursos de áreas céntricas. Y en mostrar el costado represivo de la sociedad espectacular, embelesada por el consumo de imágenes, donde cualquier delito tiene condena instantánea porque los abogados están prohibidos. Ambos son procesos desencadenados por la avanzada neoliberal, y consolidados en el cambio de milenio.

     Vale la pena poner en diálogo estas predicciones con el terror suburbano de Vivarium (Lorcan Finnegan, 2019), en la que los barrios cerrados son una trampa de la que es imposible escapar. Y con una Blade Runner 2049 (Denis Villeneuve, 2017) donde los espacios rurales están muertos, tan contaminados como las ciudades.

     Hell Valley, el 1985 alternativo donde el villano Biff Tannen manda, es perturbador porque es una distopía actual (para el momento de estreno del film), no futurista. El infierno está en el presente donde se permite la concentración de riqueza y el estado ya no gobierna, generando una segregación brutal, con Lyon Estates convertido en un ghetto y los pozos petroleros invadiendo el tejido urbano, tal como sucede en la Springfield donde alguien dispara al Señor Burns. Es imposible no ver esta propuesta en sintonía con otras narrativas sobre el peligro anárquico que cundieron en esa época, como The Warriors (Walter Hill, 1979), RoboCop (Paul Verhoeven, 1987) o la trilogía Mad Max (George Miller, 1979, 1981, 1985). ¿Ecos de los disturbios del apagón de Nueva York de 1977?

   

“La época más romántica”: idealización de la conquista del Oeste 

     Volver al Futuro III, estrenada en 1990, nos lleva a 1885 para mostrar la génesis de Hill Valley, como parte del proceso de poblamiento de la Costa Oeste estadounidense. Muestra cómo la construcción de infraestructuras como la ferroviaria fueron moldeando el territorio gracias a la dominación de una naturaleza feroz (y la expulsión de sus habitantes originarios). Tal como sucede con Casablanca (Michael Curtiz, 1942), la acumulación desembozada de lugares comunes (la cantina, la fiesta de inauguración del reloj, la entrada triunfante de la caballería, etcétera) no va en detrimento de la trama, sino que refuerza el efecto de simulacro. La cita explícita a Por un puñado de dólares (Sergio Leone, 1964), a caballo de las dos últimas partes de la saga, es un gesto autoconsciente que va en ese sentido.

     Finalmente, el exitoso retorno de Marty a 1985 completa el retrato de ese momento, donde la avenida del potencial choque con el Rolls Royce marca la frontera de expansión de la ciudad sobre el campo. Contradiciendo el imperativo inexorable del destino de la tragedia griega, la moraleja de la saga es que el futuro no está escrito, sino que hay que escribirlo con nuestras acciones. El futuro de las ciudades no está marcado de antemano, siendo por lo tanto un problema político, protagonizado por actores económicos más allá de su fachada idílica. La trilogía idealiza el pasado pero analiza críticamente su presente y proyecta con ironía el futuro. Así como Los Picapiedra (Hanna-Barbera, 1960) nos cuenta más sobre del fordismo que sobre el paleolítico, esta trilogía habla más de su propio contexto (los gobiernos republicanos de Ronald Reagan y George Bush) que de las otras etapas históricas que recrea. 


NICOLÁS A. TRIVI

Es Licenciado y Doctor en Geografía de la UNLP. Investigador del CONICET y docente en la Facultad de Turismo y Ambiente, Universidad Provincial de Córdoba. Investiga el vínculo entre turismo, territorio y mercado inmobiliario, y se queda mirando Volver al Futuro cada vez que la engancha empezada en el cable.