Si se nos pidiera un deseo, uno que queramos alcanzar con Guay, diríamos que dar lugar a más y más diálogos, a más y más conversaciones. De esas que por suerte sólo a veces tenemos la impresión de que escasean, incluso de que se han adormecido. Establecerlas o, mejor dicho quizás, reestablecerlas porque suponemos que en el origen sólo estaban ellas, en un maravilloso bochinche en el que sin embargo nos entendíamos. Conversaciones con los libros, con películas, con revistas, con exposiciones, entre nosotres siempre. Como buscamos más y no nos gusta quedarnos cortos, ponemos bandera de largada para una nueva sección, Guayplatica, en la que invitaremos a amigues de Guay –amigues más o menos distantes o que queremos hacer y si fuera posible de una vez y para siempre-, a conversar, a que nos cuenten sobre su trabajo y sus pasiones. Sobre lo que hacen con la cultura, para ver si hay chances de que con ella haya nuevos banquetes.

"Porque la revista es más que una revista..."

AHIRA (Archivo Histórico de Revistas Argentinas) es uno de esos logros de la universidad pública argentina, de ella y de un grupo muy preciso de sus investigadores y profesores, que nos pone muy contentes, que incluso nos hace sentir orgulloses aunque sólo estemos entre quienes disfrutamos de lo que su sitio nos ofrece. En 2015 se lanzó este repositorio de revistas que ya comprende más de (¿200?)… Desde algunas que fueron canónicas hasta otras que sólo anduvieron en márgenes, desde algunas que se vendían en kioscos de revistas hasta otras que eran de culto o de circulación riesgosa. De poesía y de fútbol. Para quienes investigamos y damos clases, las noticias que nos trae AHIRA -porque no cesa de subir más y más colecciones completas- invariablemente son bienvenidas. En la tarea de la preservación, cuando se sabe que en nuestro país y en América Latina son tantos los escollos a superar para que rinda sus frutos, la puntada que da AHIRA es imprescindible.

Cada tanto, podíamos sorprendernos con el hallazgo de una caja, un cofre o un baúl en el que alguien había guardado objetos valiosos de su vida que se iban a volver partes del pasado para quienes vinieran después. Muchas veces, ese gesto suponía la sigilosa o secreta construcción de un tesoro para la posteridad, pedacitos de un tiempo que se resistía a pasar del todo, que seguía sonriendo, llorando, murmurando o gritándole al futuro. AHIRA excava para nosotres en busca de algunos de estos tesoros que fueron revistas, vuelve a exponer sus brillos, o tal vez, simplemente, les permite brillar por vez primera o exponerse a otras posibles luces y sombras. Un pequeño milagro del archivo que multiplica las memorias y que abre un montón de caminos posibles de atrás para adelante.   

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entrevista

AHIRA. Archivo Histórico de Revistas Argentinas

“Los y las primeras fanáticas de AHIRA somos nosotros mismos (...) hay algo ahí de la pertenencia y de lo afectivo y de que nos gusta, lo militamos.”

Guay: Venimos trabajando con GUAY hace ya más de dos años, y nos interesó dar curso a una nueva sección de entrevistas. Esta es la primera que hacemos y quisimos que fuera con ustedes, por lo relevante de la tarea que emprendieron y, a la vez, por el carácter tan colectivo que le dieron. En la medida en que nosotros nos queremos inscribir en relación con el mundo de las revistas, nos convenció aún más comenzar con ustedes.

 

Guillermo Korn: Difícil lo de ser primerizos, porque no tenemos dónde recabar para ver cómo viene la mano…

 

Ana Lía Rey: No tenemos de dónde copiarnos…

 

Comienzos

Guay: Es así, son los primeros (risas). La pregunta de arranque: ¿cómo se les ocurrió y cómo fue que decidieron poner manos a la obra con este Archivo Histórico de Revistas Argentinas? ¿Tuvieron algún modelo, incluso para contrastar?

 

Sylvia Saítta: Mirá… en el comienzo no hubo algo tan pensado y tan claro, fue más bien puro aprendizaje. Nosotros desde hace muchos años veníamos con UBACyTs que en su centro tenían el trabajo con las revistas, pero como fuentes, como objetos de investigación. Hablábamos de qué hacer con las revistas digitalizadas en nuestras computadoras, porque esto hay que aclararlo: el giro tecnológico que permitió tener colecciones completas en nuestras computadoras fue fundamental para toda persona que estudiara revistas. Yo, que empecé en la prehistoria, tenía que grabarme a mí misma leyendo un artículo o haciendo cosas incluso ilegales –Ana Lía esto lo sabe muy bien— para conseguir una revista. Digo, era muy costoso. Cuando las investigaciones fueron terminando, Ana Lía dijo “existe un proyecto diferente de UBACyT que permite pedir un subsidio para hacer algo no sólo de investigación, armar una página…” Así empezó, con la idea de armar una página con las revistas que teníamos por nuestro proyecto UBACyT que era “Discusiones estéticas e ideológicas en las revistas de izquierda”. Era empezar entonces por las revistas de izquierda y también las revistas de literatura. Algo muy pequeño. Esto que pensamos en un principio para la comunidad académica, para quienes estaban tratando de encontrar una revista para su investigación, empezó a crecer, en realidad más por la respuesta que recibió la página que porque nosotros hubiésemos previsto algo de esta dimensión.
Muy cerca de la salida de AHIRA el portal Américalee empezó a publicar sus revistas, algo que Tarcus venía anunciando pero que no se había concretado. En ese momento le escribí a Tarcus y le dije “No nos vamos a pisar publicando las mismas revistas”. Entonces nos sentamos, reformulamos el proyecto y empezamos a ampliar el universo de revistas que iban a ingresar. Y llegó este momento en el que estamos ahora que no sé si puedo transmitir. Nosotros somos los primeros sorprendidos, agradecidos. Tuvimos en el medio efectivamente que conseguir nuevos subsidios, hacer cambios de plataforma porque esto diminuto que habíamos armado, muy artesanal, empezó a crecer. Hicimos un cambio de plataforma y llegamos a la que tenemos hoy, donde se abrieron dos grandes zonas en las que nos gusta sobre todo prestar atención. La primera es que no sean sólo revistas de literatura, cultura, por eso el último proyecto se llama “del kiosco a internet”, no me acuerdo exactamente el título. Es la idea del kiosco: encontrar revistas de deportes, de cultura, etc. Y la otra zona de preocupación, que en mi caso venía de antes, es que no sólo sean revistas porteñas, si no ver si podíamos incorporar revistas de otras ciudades del país, para armar un diálogo que no está o no se nos ocurre, porque somos porteños, pero también cuando se nos ocurre no tenemos las revistas. Y las respuestas de quienes nos mandan las revistas fue increíble.
Esas dos líneas, la gran reformulación última que hicimos: cubrir las áreas y buscar ampliar este horizonte de publicaciones. Porque se habla de la vanguardia literaria argentina y estamos pensando en lo que pasó en la ciudad de Buenos Aires, revistas que efectivamente llegan a todo el país, pero después nos enteramos de una revista vanguardista de los años veinte en Santiago del Estero… Entonces, ¿cómo se leía una revista vanguardista en los años veinte en la provincia que tenía el mayor índice de analfabetismo? Bueno, esto habla de la Argentina también. Cuando decimos “cultura argentina” ¿de qué hablamos? Así que ese fue el comienzo, muy académico por otra parte, y llegamos a esto que es colectivo en los dos sentidos: de los que hacemos AHIRA, y de todo el universo de gente, de investigadores, lectores, docentes, amigos que nos envían y trabajan y están en la página ¿no?

 

“Esa particularidad”

 

Guay: ¿Tienen idea si existe algo parecido por lo pronto en algún otro país de América Latina?

 

Ana Lía: No con la facilidad de acceso que tiene AHIRA. Creo que es uno de los grandes logros de la página: la posibilidad de acceder a colecciones de una manera muy sencilla. Y si nosotros pensamos en lectores ampliados, hay un montón de gente que logra acceder a la página sin tener facilidad en el uso de las herramientas de la tecnología. A veces te preguntan “¿cómo hago?” Y vos le decís “Bueno, apretá tal cosa”, y después no vuelven a preguntar porque evidentemente pudieron hacerlo. Me parece que ésta es una de las ventajas. Hay otras páginas donde uno puede bajar revistas y también tienen buscadores, pero la velocidad y la facilidad de acceso en AHIRA es muy grande. Esto es muy importante.

 

Sylvia: A esto que dice Ana Lía le sumaría una gran diferencia. AHIRA es una página que no es “institucional” en el sentido duro del término. El año pasado me invitaron a la Feria del Libro Universitario, que la organiza el Museo de Antropología e Historia de México, y precisamente la sorpresa desde afuera era ésta: ¿quiénes están haciendo esta página? ¿Qué museo, qué universidad, qué biblioteca? Y era muy difícil explicar, porque es algo muy particular de la Argentina, es como intentar explicar el peronismo. (risas) ¿Cómo explicamos que detrás no hay una institución? Efectivamente, los proyectos están radicados en el Instituto Ravignani de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, pero el sitio no pertenece a la institución, sino que lo hacemos nosotros. A veces nos comparan con la Biblioteca Nacional de España, de Francia… Ni hablar de lo que ha hecho la Biblioteca en Brasil que tiene toda su hemeroteca digitalizada. Entrar en ese listado de plataformas a mí siempre me sorprende y siempre digo que en ese punto lo nuestro es una cosa muy diferente, es casi milagrosa. Yo le estoy tan agradecida a AHIRA también en eso, porque creo que este es un trabajo, sobre todo en la parte de diarios que tienen que hacer las instituciones. Sólo una biblioteca nacional puede digitalizar una hemeroteca de diarios. Son muy pocas bibliotecas a nivel mundial las que tienen su hemeroteca digitalizada. Las privadas de Estados Unidos, porque pertenecen a universidades privadas, y sí, en Francia o España… No hay mucho más porque es muy difícil. Ahora, en el tema revistas está el Iberoamericano de Berlín, hay más sitios, pero hasta América lee tiene detrás una institución, la UNSAM. Lo nuestro tiene esa particularidad que es la contracara positiva de lo mal que funcionan algunas de nuestras instituciones, que nos permite esta inmensa libertad, inmenso trabajo, pero al mismo tiempo libertad de poder decidir qué publicamos, cómo lo publicamos, el diseño de la página… Esto que decía Ana Lía no es nada menor, no sé, el Instituto Museo Ricardo Rojas digitalizó la Historia de la literatura argentina de Ricardo Rojas y el soporte, la plataforma que tienen, no les permite subir lo que digitalizaron. Entonces: esto que funciona mal en términos institucionales, al mismo tiempo nos permitió no quedar sujetos de plataformas lentas o que se desarman. Por eso digo que es bien argentino. Y no es que somos outsiders, porque de hecho tenemos subsidios que son de la Agencia y son de la UBA. AHIRA existe porque están estos subsidios y estas instituciones, pero nos permite al mismo tiempo este juego que es una posición magnífica. Para mí, la llegada de Manguel a la Biblioteca Nacional, que desarmó Trapalanda, significó un golpe subjetivo fuerte. ¿Cómo puede ser que algo que se construye en términos institucionales, con mucho esfuerzo, llegue otra persona y lo desarme? Pensábamos que teníamos esas revistas digitalizadas, que ese sitio ya existía; podía no haberlo tocado, podía no haber sumado una sola revista más, pero ¿¡desarmarlo!? Es la precariedad de la historia de las instituciones argentinas, viene una nueva gestión y desarma lo que hizo la anterior… Preservemos AHIRA. Porque si cambia el decano o la decana, o cambia… ¿qué? ¿la página desaparece? Con tanto esfuerzo… con tanto trabajo… Nunca imaginé que alguien podía desarmar algo en el medio digital, algo que ni siquiera costaba dinero mantener, era sólo dejarlo ¡Y lo desarmaron!

 

Fechas

 

Guay: ¿Cuáles son las fechas principales de AHIRA?

 

Ana Lía: El lanzamiento fue en 2015, ¿no?

 

Sylvia: Exactamente.

 

Ana Lía: En ese año pusimos la página a rodar.

 

Sylvia: La presentación pública fue en el Museo Casa de Ricardo Rojas y la hizo Jorge Lafforgue. Estaba Mario Goloboff que en ese momento era el director del Museo. En 2015 teníamos muy poquito, creo que eran ocho revistas. Esa fue la presentación en sociedad de AHIRA.

 

Ana Lía: Me acuerdo de una reunión pequeña en la que Sylvia dijo que le iba a preguntar a Beatriz Sarlo si podíamos subir Punto de Vista, que estaba digitalizada en un CD. Era tener la posibilidad de algo que no hubiera que digitalizar y hacer todo ese trabajo. Creo que fue una de las primeras cosas…

 

Sylvia: Después fueron las tres revistas de Abelardo Castillo que habían sido digitalizadas por la Universidad de Mar del Plata, aquí sí en términos más institucionales, no en la casa o en la computadora de alguien. Era el CD que venía adentro del libro Animales fabulosos editado por Elisa Calabrese y Aymará de Llano ¿se acuerdan? Uno compraba el libro y atrás venía el CD. El CD de Punto de Vista también se había vendido. Fueron las primeras revistas que empezamos a sumar con permiso, así como otras que estaban digitalizadas en alguna página perdida. Me acuerdo que le escribí a Steimberg (Oscar) para ver si me daba el permiso de subir LENGUAjes. Entonces: empezamos digitalizando algunas muy poquitas nosotros, y viendo lo que ya existía disperso sobre todo en CD que era el formato anterior con el que se habían empezado.

 

Guillermo: Y que traía una dificultad porque, de acuerdo a la computadora o al sistema operativo, había CDs que no se leían, y así quedaba viejo el formato de un laburo fenomenal que había sido el de la digitalización de esas revistas.

 

Guay: ¿Y es así como siguen llegando colecciones completas? Imaginamos, por lo pronto, una enorme confianza en AHIRA.

 

Sylvia: Tenemos muchísimas historias. Esto pasó desde el 2015 hasta hoy. Gracias a los subsidios efectivamente compramos muchas revistas. Después tuvimos alguna entrevista formal, como por ejemplo con Américo (Cristófalo), que era en ese momento el vicedecano de la Facultad de Filosofía y Letras, que nos permitió el acceso a la hemeroteca de la Facultad. Después empezamos a pedir permisos o a escribirles a los directores de algunas revistas para ver si tenían y nos prestaban la colección completa. Por ejemplo, Diario de Poesía o V de Vian fueron casi prueba de que eso se podía hacer. Daniel Saimolovich y Sergio Olguín me pasaron sus colecciones. Y después empezó a pasar esto que está pasando ahora: algunos que dirigieron revistas quieren estar en AHIRA, entonces nos escriben y nos ofrecen la colección en papel que tienen en su casa. Lo más increíble fue que apareció gente que tenía revistas digitalizadas y no sabía dónde ponerlas. Fue el caso de Folklore, algo increíble. Son veinte años de revista Folklore con un equipo de trabajo que durante muchísimos años la estudió y digitalizó. Y nos escribe Roberto Collado que tenía la colección digitalizada en su casa sin saber qué hacer con eso. Al comienzo, no sé, era como el regalo de navidad que vinieran estas revistas digitalizadas. Hay una zona, que es la de la historieta, la de la ciencia ficción, que tenían las revistas digitalizadas. Cuando esto empezó a pasar, empezamos a plantearnos objetivos de qué revistas queremos, los proyectos más a largo plazo: Primera Plana, Panorama, en un futuro Humor y ahí armar las colecciones. Es muy artesanal cómo lo hacemos. Los lectores nos ofrecen revistas. Antes de la pandemia teníamos un lugar dónde se centralizaban. Ahora en las casas de todos nosotros hay parte de colecciones. Tenemos un excel que dice “10 entraron por acá, otras 10 por allá”. Así se van armando las colecciones. Muchas las terminamos de completar comprando por Mercado Libre. Hubo algunos vendedores cuyos nombres no puedo revelar, que son de los que arman colecciones de revistas para vender al exterior, que nos las han prestado antes para que las digitalicemos. Y después nosotros tenemos muchas revistas. Martín Greco es un coleccionista de revistas de toda la vida, ya su casa sola podría ser…

Guillermo tiene una gran colección de revistas. Es decir, también empezamos a digitalizar las colecciones que teníamos por haber leído esas revistas en el momento en que salían.  Babel, no la de Glusberg, la tenía completa en casa porque yo había sido lectora de Babel. El otro día dijimos “Unidos tiene que estar”, entonces le pregunté a Guillermo que me dice sólo le falta el primer y el último número para tenerla completa…

 

Guay: En su momento Unidos estaba en la Croqueta digital, ¿no?

 

Guillermo: Pero me parece que sólo como word, no estaba como tal el objeto revista. Son los textos, pero le falta como está compuesta, cómo son las publicidades, todo lo que hace a una revista.

 

Manuela: Quiero complementar algo de lo que decía Sylvia y también la pregunta que hicieron antes sobre las fechas de AHIRA. Estuvo 2015 como ese momento de lanzamiento, con esas investigaciones y revistas guardadas en una computadora, y la posibilidad de ponerlas a disposición en una web. Al principio AHIRA (yo me sumé un par de años después) lanzaba revistas de estación, una revista de otoño, otra de invierno… Se armaban flyers con ese detalle pintoresco. Después por ahí eran dos o tres por estación, mientras que ahora hablamos de casi doscientas revistas. Esto tiene que ver con este cambio de plataforma que cuenta Sylvia y que fue, si no me equivoco, durante el 2018 y 2019. Fue un trabajo de un largo año, en el cual nos reuníamos con una diseñadora, pensábamos cómo armar esa plataforma, cómo organizarla. Porque hay algo del archivo que está pensado desde un orden de incorporación de las revistas, pero también de un orden alfabético y desde uno cronológico. Y, además, esa persona con que trabajamos, no sé ya si no es otro cuento que no viene al caso, nos dio una muy buena idea: aprender nosotros y nosotras cómo subir y cargar las revistas. Entonces apareció la posibilidad de involucrarnos más con la subida y la carga del material y no tener que depender de programadores. Si bien eso tiene una dimensión colectiva y cada quien tiene su participación y su parte en ese armado de las tapitas y de la puesta en escena de las revistas, ese salto y ese cambio tecnológico permitió que el archivo vaya creciendo mucho más, y que ahora estemos hablando de casi 200 colecciones. La pandemia, desde ya, permitió acrecentar muchísimo el material, pero es cierto que ya antes había aparecido una dimensión más colaborativa de lectores y también ciberlectores como le gusta decir a Ana. O directores de revista a los que, como decía Sylvia, les llamó la atención el crecimiento del archivo y tomaron la decisión de que AHIRA sea el destino de esas colecciones. Y con respecto a la otra pregunta me había quedado pensando que nosotros tenemos un apartado que se llama “Otras colecciones digitales” y que también está pensado desde la organización del archivo, de poder reunir y sistematizar otros repositorios y otros sitios en donde a veces hay simplemente una colección de una revista y en otros casos repositorios de otros lugares del mundo, la inmensidad del Iberoamericano o el caso de la Biblioteca del Brasil. Creo que algo que también tiene AHIRA como archivo es ese gesto de reunir, de recuperar, de sistematizar, de organizar y eso también es parte de la accesibilidad, de la difusión, del crecimiento y por qué se transforma en un lugar que es elegido y recibe más colecciones.

 

Sylvia: Agrego que la pata académica quedó en la parte “Estudios críticos”. La idea era centralizar lo que hay escrito sobre revistas argentinas. Por eso al principio yo le escribía a cada uno para preguntarle si me daba el permiso de subir su artículo. Y ahora no es necesario hacerlo porque directamente nos lo mandan. Publican un artículo y nos lo envían para que también esté en AHIRA. Es lo que hace posible eso que describe muy bien Manuela que es centralizar lo que hay escrito sobre revistas argentinas. De hecho, nos han dado permisos insólitos, libros enteros sobre revistas que ahora están en AHIRA. Una cosa muy curiosa. Es lo contrario de Groucho Marx, es el club al que uno quiere pertenecer. Es increíble eso, pero es así.

 

Qué revistas (I)

Guay: ¿Cuáles entienden ustedes son los límites que configuran lo que es una revista? Lo preguntamos, por ejemplo, a propósito de los fanzines o de publicaciones autogestivas, subterráneas o unders como se decía. Incluso en las varias de centros de estudiantes que tuvieron su momento en los ochentas. ¿Tendrán lugar en AHIRA?

 

Sylvia: Nosotros varias veces nos planteamos el tema y creo que somos personas de sí fácil, en el sentido en que empezaron a entrar, algunas por casualidad…. De hecho, ya hay una revista hecha por estudiantes que subió hace poco El Necio.

 

Ana Lía: Pero supongo que la pregunta habla de las revistas de Centros de Estudiantes como en la que participó Nacho (Ignacio Lewcowicz), Aristócratas del Saber. El Necio entra dentro de las revistas hechas por estudiantes universitarios como Centro, pero de los noventa. Hecha por estudiantes de Ciencias de la Comunicación.

 

Guillermo: No hay derecho es una revista parecida, más especializada, que parte de una experiencia universitaria. Si a futuro estuviera Farenheit 450, que es una revista hecha por estudiantes de sociales que después fueron nombres conocidos. El tema es también que hay revistas que, me parece, van a cobrar cierta relevancia de acuerdo a la distancia en el tiempo y a quiénes la hacían. De todos modos, quizás no fanzines, pero pienso en una revista como Parque, hecha por gente que se reunía con sus hojitas en el Parque Centenario en los años setentas. Ana Lía lo sabe mejor porque estuvo trabajando en ella. Y está mecanografiada y es bastante poco atractiva en su formato, pero sí en el contenido, en el modo en que se gestó…

 

Ana Lía: Late fuerte el corazón cuando uno ve esas hojitas mecanografiadas. A mí me emociona, me encanta.

 

Sylvia: Zona Churrinche que, en verdad, la hacían varios estudiantes de Letras, pero no desde la Facultad, porque son de la zona sur, de Quilmes, Avellaneda, por eso se llama así. Es una revista de estudiantes de Letras que cruza con la pertenencia barrial, lo que no es casual que haya sido en los noventa cuando hubo esa vuelta al barrio en la literatura. En Rosario se está armando un equipo importante para digitalizar revistas de Rosario y me hacían esta misma pregunta, si revistas que habían sido hechas por estudiantes universitarios iban a entrar y en principio les dije que sí. Pero no es fácil armar esas colecciones por lo efímero de las publicaciones estudiantiles… Cuando no había conciencia… Yo misma he tirado, y ahora no lo puedo creer, revistas que llegaban a mi casa. Las revistas se leían y se tiraban.

 

Ana Lía: No me acuerdo ahora cómo se llamaba esa revista que subimos que la regalaban en las librerías, que era de un diseño maravilloso, largo, alto. La veo en el diseño.

 

Manuela: ¿Música Rara?

 

Ana Lía: Era una revista que se regalaba en las librerías y la gente la agarraba. Digo, eso en el noventa por ciento de los casos iba a la basura muy probablemente. Y alguien las guardó y tuvimos la colección completa. Son esas cosas que también tienen otras historias dentro de lo que uno ve, que uno puede leer también.

 

Guay (Lucía): Me había quedado con la anterior pregunta, cuando hablaban de que tanto lectores como directores de revistas deciden que sus lecturas y sus colecciones formen parte de AHIRA. Si tienen alguna hipótesis sobre eso, porque veo que también es algo generalizado en los archivos, en la digitalización de archivos, el deseo de ser alojades en un archivo. Si tienen alguna lectura sobre ese deseo.

 

Sylvia: Tengo algunas hipótesis, aunque lo pienso sobre todo en el ámbito en el que me siento más segura, el de la literatura y la cultura. Durante muchos años trabajamos sobre las revistas culturales o literarias con un corpus muy cerrado. Es decir, era Contorno, era Punto de Vista. Sí sabíamos, y eso hace mucho lo escribió Terán, que las revistas pueden ser pensadas de a una pero que nos perdemos mucho de la gracia, de lo que son las revistas que, por definición, –eran, estoy hablando de las revistas del siglo XX – dialogan con otras. Pensar la vista y el ojo es pensar en Punto de Vista y El Ojo Mocho y La Bizca… Ya sólo por los títulos nos estamos perdiendo una parte de lo que significaron esas revistas, los diálogos, quién discute con quién. Sabíamos que eso se podía hacer, pero de hecho las fuentes de los trabajos seguían siendo siempre las mismas revistas. Las revistas de Castillo, que fueron muy importantes, sorpresivamente hasta hace poco no entraban en los trabajos sobre los años sesenta, apenas se las mencionaba y se las dejaba. Porque no hay acceso o porque no estaban en el mapa… La verdad es que no lo sé. Entonces me parece que en algunos casos los directores dicen “bueno, quiero empezar a jugar, no logré la interlocución con la revista en el momento en que salió, pero tal vez hoy entro en un diálogo que desde esta revista se propuso.” El caso de Nuevos Aires es muy claro, pero viéndolo hoy, no sé qué pasó en los sesentas. Es un grupo que se va de El Escarabajo de Oro porque discute con Castillo y arma su propia revista. Ahora, cuando nosotros trabajamos los sesentas y comienzos de los setentas nadie recordaba esa revista. Ahora que esta revista está acá, si se siguen algunas discusiones de ese momento se entienden desde otro lado, cruzando otras revistas. Porque hubo una partición de un grupo. De las revistas de izquierda ni hablar, hay diez personas y tres revistas porque se pelean y proliferan. Contorno: cuántos años tardé por lo menos yo en darme cuenta de que si se definían como un contorno era porque había existido un centro. Era la revista Centro con la que se estaba posicionando… Me parece que hay algo de eso, que los directores en algunos casos quieren que las revistas efectivamente entren en diálogo, por lo menos a la hora de ser estudiadas. Y en otros casos creo que son obras de arte. Es Diario de Poesía, por ejemplo. Daniel Saimolovich, lo pongo siempre como ejemplo, no sólo nos dio la colección, sino que corrigió –y es larguísima la revista— uno por uno los índices. Yo le iba mandando los índices a medida que los íbamos armando y él los corregía, porque la cuestión de cómo se iba a armar el índice y el diseño de una revista extremadamente cuidada como fue Diario de Poesía, con un diseño armado por Juan Pablo Renzi… Porque las revistas si uno no las actualiza de alguna manera, no son los libros, sobre todo las del tamaño de Diario de Poesía o Babel… No es un libro que uno va a ver… Hay que ir a la hemeroteca a pedir un número, ni siquiera recordamos que las tenemos; entonces me parece que hay muchos motivos por los cuales, en el caso de los directores de las revistas, o de integrantes de los comités de las revistas… O las de cine ni hablar, yo no conozco tanto ese universo, pero hay discusiones importantes entre las revistas de cine en un momento particular. Está El Amante y si yo dirigía una revista que discutía con El Amante, voy a tratar que esa discusión esté también.

 

Guillermo: Agregaría otra cosa, contestándole a Lucía. Me parece que los que hemos buscado revistas en bibliotecas sabemos que muchas veces aparecen como que están y después hay un número o tres de ocho. Poder tenerlas en un lugar para la consulta también facilita que la persona que está en Salta pueda verla en un sitio digital, sin necesidad de que esa revista esté en todas las bibliotecas de cada lugar. Yo he escuchado a investigadores de Bahía Blanca, no estamos hablando de un lugar chico, con las dificultades para consultar Sur porque en determinada biblioteca había sólo algunos números y así cantidad de casos. Incluso pasa con revistas que son centrales, sobre las que hay muchos libros y muchas investigaciones, y otras sobre las que no hay nada. Entonces, además de que hay un foco puesto desde hace unos años sobre las revistas, los cruces, las discusiones, también tomar lo digital facilita… Hemerotecas devastadas, bibliotecarios que se cansan de pasar los índices porque son infernales, porque lleva tiempo. No siempre hay un interés de la misma biblioteca por conservarlas porque es un material más intangible, eso va al tacho. Un libro era más difícil que fuera a un tacho de basura, las revistas tienen una cosa más episódica. Pero que puedan nuclearse en un lugar o en varios facilita las discusiones. También están los sitios de revistas más políticas, pienso en El topo blindado o en Ruinas Digitales, que completan colecciones de revistas sobre temas que también son episódicos, porque además tienen el tema de la clandestinidad, de la dificultad de que haya muchas variantes de las discusiones en distintos grupos. Bueno, esto facilita más cuando son temas que reúnen además del público más profesional, si se quiere, que lo estudia, el que le interesa por militancia, por gusto, por colección, por lo que fuese.

 

Grupo

Guay (Sara): me quedé pensando en muchas cosas de lo que plantean. Por un lado, lo de la accesibilidad y de lo fácil de poder abrir una revista y mirarla en AHIRA me parece algo central, pero sobre todo pienso  que hay una coincidencia entre ese formato y un momento de emergencia de los colectivos, en particular los que tienen que ver con las revistas, no con las más mainstream pero sí con muchas de las que están en AHIRA. El espacio de construcción colectiva y sociabilidad que se genera en torno a una revista: nosotros mismos haciendo Guay -aunque es una revista más institucional- y el formato que tienen ustedes como equipo que en alguna medida se parece al de una revista, por más que sean los archiveros. Diría una coincidencia con el florecimiento de estos formatos, más allá del interés que en las últimas décadas hay en este tipo de objetos como objetos de estudio, lo que mencionaba recién Guillermo. Pero bueno, la verdad es que no es una pregunta. Nada. Algo que me quedó resonando.

 

Ana Lía: Creo que AHIRA tiene una cosa muy potente que es su grupo, su colectivo. Me parece que mucho de esa potencia se transmite en la página, en el modo en que está pensada. Es una de las cosas piolas. Y además porque el archivo, fuera de esto, está de moda en todas las disciplinas, hoy en día hay una tendencia a pensar que hay que hacer archivo de todo: de cine, de publicidades, hay que hacer archivo. Creo que el giro digital nos ha demostrado que las cosas se pierden de una manera asombrosa, entonces cómo guardarlas, cómo proteger un poco esa memoria de cosas que pasan y cada vez somos más conscientes de que pueden desaparecer. Eso me parece que es fuerte en el concepto archivo.

 

Sylvia: Manuela es más joven y entró como becaria, Guillermo entró después, pero venimos trabajando desde hace casi veinte años sobre revistas, cuando por lo menos en el caso de Letras eran los patitos feos. Yo trabajé sobre el diario Crítica y en la carrera de letras era la zona más marginal. Por eso me refugié en el Instituto Ravignani entre historiadores, porque está esa idea de que en letras no hay investigación con fuentes, no se va a las bibliotecas, no se va a las hemerotecas, aunque ahora sí porque está de moda, pero… Esto viene desde hace muchos años: el primer seminario sobre literatura y periodismo lo hice con Jorge Lafforgue en un grupo que tenía en el Instituto de Literatura Argentina cuando estaba Viñas de director. Ahí conocí a Fernando (Rodríguez) y a Ana Lía, o sea, viene de muy atrás. Somos un grupo que viene desde hace mucho: Claudia Román, Soledad Quereilhac, Martín Servelli, Martín Greco. Nosotros formamos la cátedra, somos quienes damos Literatura Argentina y Problemas de la Literatura Argentina y venimos trabajando con UBACyTs sobre revistas desde hace más de quince años. Y pasó o salió gente pero hay un núcleo duro que sigue con esto; y nos conocemos y sabemos cómo trabajamos. Eso también ayuda: hay un grupo que se pudo convertir en serio en un grupo que toma decisiones, en el que dialogamos y discutimos. Eso es fundamental porque si no al primer problema los grupos estallan, no es fácil mantener grupos trabajando juntos. Crecimos juntos, eso creo que es muy importante. Me preguntaban si había algunas diferencias o no… Pertenecemos al Ravignani pero hay algo que va más allá de eso, armamos un grupo de trabajo muy consolidado y en eso tal vez nos parecemos a una revista, esas revistas que logran armar un comité y salen durante treinta años, un grupo de pertenencia…

 

Guay (Sara): Si, y también lo asociaba con otras experiencias. Estos espacios colectivos como espacios que en las últimas décadas me parece que han sido muy revalorizadas como zonas de construcción del arte, de la literatura, de un taller de grabado: colectivos de distintas formas como espacios de construcción, de relaciones, Entonces, me parece que algo tiene que ver ese espíritu con cierta situación del momento, ¿no?

 

Sylvia: No sé, yo ahí creo que viene de algo que es anterior, de la idea de grupo. Por eso mencioné a Viñas, por eso mencioné a Lafforgue, por eso mencioné a Sarlo. Que era aquella manera de pensar que era un modo de armar grupos, más que de colectivos. Entiendo lo que vos decís de los colectivos. Acá es un grupo de pertenencia, que viene trabajando sobre algunas cuestiones y abre otras. Y efectivamente se convierte en una plataforma o actividad colectiva. Pero más bien la figura con la que me quedo es con aquello que aprendimos desde muy chiquitas, que venía de Viñas, de armar grupos. Lo que antes se llamaba grupo de estudio, ¿se acuerdan? Los más grandes, no Manuela, pero los más grandes lo recordamos: armábamos grupos de estudio. Y no importa si valían en términos institucionales. El grupo de Lafforgue sobre Literatura y periodismo no era un Seminario de posgrado, de grado, era un grupo de estudio que funcionaba en el Instituto de Literatura Argentina. Nos reuníamos…

 

Ana: …y después íbamos a comer unas picadas riquísimas.

 

Sylvia: Durante años duró ese grupo. Por eso digo: pertenecíamos al Instituto de Literatura Argentina, sí, estaba el Instituto. Pero al mismo tiempo habíamos armado este grupo de estudio, de trabajo. Yo soy muy siglo XX en eso… que es aquella idea de pertenecer a un lugar, sí.

 

Guay (Javier): Y justamente porque van en paralelo, ¿no? Hay un artículo de Sarlo sobre las revistas en la Argentina que empieza diciendo “Armemos una revista”, que era una clásica consigna de los 80 y 90, al menos en lo que yo conocí: “¿Y qué hacemos?” “Armemos una revista”, que va paralelo al “Armemos un grupo”.

 

Sylvia: Exacto.

 

Manuela: Yo creo que los y las primeras fanáticas de AHIRA somos nosotros mismos. Me parece que hay algo ahí de la pertenencia y de lo afectivo y de que nos gusta, lo militamos. O sea, tenemos como el radar de AHIRA prendido… Yo fui a la casa de mis abuelos y encontré que estaban los fascículos de Capítulo y fue como “bueno, esto puede ser algo para AHIRA”. Eso, prender el radar de AHIRA e ir armando todo el tiempo el archivo. Creo que eso también es algo de la pertenencia que estamos hablando.

 

Producción

Guay: Pasando a otro tema: ¿cómo es ese proceso productivo? Está claro que las colecciones llegan de distintas maneras, pero cuáles son los distintos pasos, cuánto tarda hasta que la revista se puede ver en la web. Por ejemplo, El Amante que es una colección muy grande, ¿cuánto tiempo tarda desde que llega hasta que se sube? El proceso de escritura: los índices de cada número, ¿Cómo se produce eso?

 

Sylvia: Uh, es complicadísima esa pregunta porque hay muchas modalidades. En algunos casos, por ejemplo Diario de Poesía llevó más de un año. Hicimos un llamado a adscripción de la materia Problemas de la Literatura Argentina y dos adscriptos se dedicaron exclusivamente a armar ese índice, a estudiar y escribir la presentación de Diario de Poesía. Ese es un caso extremo. Hay muchos índices que hacemos nosotros mismos porque somos un grupo de obsesivos, eso también hay que decirlo. Durante buena parte del comienzo de la pandemia, el año pasado, a mí lo único que me tranquilizaba era hacer índices de revistas. Pero esto porque somos un grupo de obsesivos, que coleccionamos justamente y tenemos problemas con la falta, entonces queremos colecciones completas. Para ser un buen bibliotecario hay que ser obsesivo, para algunos trabajos hay que ser obsesivo. Bueno, lo somos. Entonces, algunas llevan un largo camino armarlas… En términos materiales, Manuela lo va a decir mejor, porque tiene diferentes instancias.

 

Manuela: Hay veces que las revistas están en apariencia dadas. Todo lo que hablábamos antes, ¿no? De directores que nos dan sus revistas que ya están digitalizadas, una parte del trabajo se facilita mucho. En otras ocasiones digitalizar está a cargo de nosotros y nosotras o se terceriza en una imprenta o una gráfica, porque necesitamos escanear hojas más grandes como fue el caso de Diario de Poesía. Porque estas revistas son previas a la existencia de los escáneres, entonces no estaban pensadas para una A4. De hecho, hace poco mandamos a digitalizar Panorama, que en apariencia también era una A4, pero después no entró. Entonces se tuvo que dar maña la persona, vamos a ver cómo sale eso. Una vez que llega el material digitalizado hay que cargarlo a una biblioteca multimedia, eso es nuestra plataforma, que también tiene su propio archivo, por decirlo de alguna forma, su propia biblioteca. Y ahí se da todo un proceso muy artesanal: el contenido se sube y luego se crea cada revista y se crea cada ejemplar, y eso se va linkeando, se va uniendo, se suben las tapitas, armamos los cuadrados con un número exacto, que es el número que después ustedes ven tan bello sobre la portada de AHIRA. Pero eso es una secuencia, que además por momentos es bastante manual y, como decía Sylvia, somos obsesivos y obsesivas, lo que lleva a que estemos atrás revisando que no se nos chispotée una tapita o un pdf o un ejemplar. Entonces es una secuencia, efectivamente hay un proceso productivo. A veces demora un rato porque es una revista corta, de ocho o nueve ejemplares. Pero, de pronto, Folklore, que fueron como 300 números… Porque hay una parte que es la computadora, la subida de las revistas puede durar un largo rato, uno puede ver fútbol mientras tanto y lo hacemos muchas veces. Pero después hay que estar poniendo el número, indicar que ése es el número uno, que ése es el número dos. Copiar y pegar esos índices que muchas veces vienen de nuestros propios trabajos también y del Microsoft Word. Digo, no es que cuando las revistas llegan están dadas porque ya han sido digitalizadas previamente por otras personas. No sé si lo pude explicar…

 

Sylvia: La obsesiva mayor soy obviamente yo, tengo el posdoctorado en obsesividad. Cuando a veces queda una tapita más grande, pobre Manuela, sábado a las 2 am le escribo: “me parece que las tapitas quedaron desparejas: la 13 y la 50 tienen otro tamaño.” Le digo “pero hacelo mañana…”. Y como ella tampoco va a poder dormir si están esas tapitas en tamaño diferente, va y las revisa.

 

Manuela: Y ese es el seguimiento del proceso productivo que es un segundo plano. Esto también tiene que ver con lo colaborativo y con lo que AHIRA fue creciendo. Tenemos un correo que lo maneja Claudia Roman que es…

 

Sylvia: Ah, sí, Claudia es impresionante.

 

Manuela: Genia del correo electrónico. Porque también tenemos lectores y lectoras que nos anuncian esos pequeños errores. “Faltó en Folklore el número 240, ¿qué pasó?”, entonces ahí vamos a nuestra biblioteca, vemos si fue cargado o no. Hay otra cosa que es la marca de agua, que no la estamos mencionando pero que también es otra instancia por la que pasan esas imágenes para quedar asociadas a AHIRA. Después esas imágenes se transforman en pdfs y después todo lo otro. Entonces, sí, hay un proceso productivo largo.

 

Sylvia: Está muy bien esto porque obviamente hay funciones dentro del grupo. Claudia Roman maneja el correo, porque entran mails todo el tiempo. Hace un trabajo infernal, que es leer todo el correo, derivar (se le corta el audio a Sylvia)

 

Ana: Son comentarios de gente que dice “uy, esto no lo puedo abrir” o “fíjense que falta una página…” Eso nos ha pasado mucho, porque en el mismo proceso de escanear es muy fácil que una página se pase. Y siempre han sido cosas que nos han ayudado a mejorar como estaba la revista puesta en la página. Eso a mí me parece interesante.

 

Guay: Evidentemente hay algo altamente colaborativo que han logrado y es para subrayar porque está buenísimo

 

Manuela: Ese correo de lectores muchas veces es de agradecimiento por lo que hacemos… Hoy justo en la ocasión del día del amigo (interferencia) por las revistas que nos regalan, eh…

 

Guay (Marcelo): Incluso debe haber gente que se encuentra con cosas que escribió y que tenía perdidas o que no había conservado en papel. En ese sentido, también debe ser muy gratificante la repercusión.

 

Ana: Sí, incluso te escriben preguntando si tenemos una determinada revista. Hace poco escribió una señora desde España contando que la bisabuela de su marido había escrito en una revista que se llamaba Vida femenina. Nos preguntaba si la teníamos. Claudia se acordó que yo había laburado esa revista y tengo muchos de esos números. Entonces me puse a buscar si estaba esta señora y efectivamente encontramos uno o dos artículos que había escrito en Vida Femenina. La alegría de esta mujer cuando recibió el mail con el pdf de la nota de la bisabuela de su marido era enorme. Una revista que no está en nuestra plataforma, pero por esas cosas estaba en nuestras computadoras. Así que hay distintos modos de acercarse. Si uno puede encontrar algo de lo que para ellos es valioso. Eso a mí personalmente me encanta, me parecen cosas únicas.

 

Qué revistas (II)

Guay (Javier): A mí me pasa, me imagino a que varios también, que zambullirme en AHIRA un rato, buscar una y otra revista, cura un poco de la melancolía de estar privado actualmente de revistas en papel. No las vemos, su existencia parece nula. Ir a AHIRA para curarse de eso. No sé cómo ven esto, el tema de las revistas y los quioscos hoy. Más allá de lo que circulen digitalmente, como GUAY. Como si estuviéramos ante un cierto límite de la idea misma de revista.

 

Sylvia: Suelo decir revistas del siglo XX cuando hablo de las revistas de AHIRA. Podríamos incorporar también el XIX, que es algo que estamos tratando de hacer ahora. Porque me parece que hay algo que terminó o cambió y que para poder pensar las revistas del siglo XXI hay que entrar con otras preguntas y otras hipótesis. Lo que marca es ese momento, me parece, intermedio, que es irrecuperable, que fue cuando empezaron a salir las revistas solo de manera digital, pero con un sistema que hoy no se puede recuperar. Estoy enloquecida porque quiero la revista El Interpretador, que es una revista que para los estudiantes de Letras y los escritores fue muy importante. Salió en blog y no se puede reconstruir. De hecho, hablé con Juan Incardona, hablé con sus integrantes, a ver si por lo menos a partir de sus pdfs se puede rearmar la revista. Cuando eso pasó dije “esto marca un antes y un después”. Después las revistas aprendieron que los blogs eran algo efímero y que entonces iba a ser más fácil consultar una revista publicada en 1920 que una publicada en el 2001 o 2002. Ahora sí se toman algunos recaudos para que las revistas digitales tengan una permanencia. Podría decir lo mismo con respecto a las fotos: las poquitas fotos que tengo de mis abuelos o de cuando era chica las tengo en papel. No sé cuántas de las fotos que sacamos ahora en celulares y a veces van a la computadora van a recibir mis nietos o bisnietos. Se supone que están en una nube… La verdad que no lo sé. Volviendo a la pregunta, yo creo que hay un doble trabajo. Por un lado, la pregunta de cómo conservamos, preservamos las revistas en papel que tenemos. Que no por digitalizar las revistas hay que dejar de prestar atención al modo en que se conservan las revistas y que por eso llegaron al día de la fecha los libros, las revistas de toda la vida. Y, por otro lado, es ver la lógica de las revistas y las publicaciones de hoy, que no se pueden pensar del mismo modo… Cuando tenías 20 años no te podías comprar todas las revistas que estaban en el quiosco, elegías: este mes compro Babel o Punto de Vista, no sé… Elegías una. Ahora esta posibilidad de tenerlas todas que nos rearma el kiosco que tal vez no tuvimos. O ni siquiera teníamos la capacidad de saber que esa era la revista que teníamos que leer, porque éramos muy jóvenes, por lo que sea. Hoy es muy difícil, la imagen del kiosco no existe… ¿qué revistas se están publicando hoy? No puedo ni contestar esa pregunta. ¿Cuáles son las revistas que hay hoy? ¿Cuál es el mapa de revistas de hoy? No lo sé. Algo que a mí siempre me perturba cuando pienso los diarios es que si yo hoy tengo que hacer una investigación sobre un diario me tendría que preguntar y fijar a qué llamo edición del diario, cuál es la edición. Digo, cuando trabajaba con el diario Crítica, La Razón o el que sea, trabajaba con la quinta edición, la sexta, la séptima y ésa era la edición que yo sabía que fue leída en 1927. Yo recibo el diario en papel todavía. El diario que recibo y leo en papel, sobre todo yo que me levanto muy tarde, es otro del que está online. Porque los diarios se corrigen las 24 horas. Entonces ya ahí tendría un problema fundamental. ¿Cómo trabajo ahora un diario? ¿Cómo fijo el corpus? ¿Cuál es el diario del 20 de julio del 2021? ¿el que se publicó a las 6.01 de la mañana, o el de las 12.05; es el diario visto de perfil, de frente o de costado? Parece Borges. ¿Con qué diario trabajo? Con las revistas creo que pasa un poco lo mismo, y que entonces indefectiblemente tienen que ser otras hipótesis de lectura. Lo que nosotros estamos armando es el XIX, pero centralmente el XX, que es el siglo de las revistas. Hoy las seguimos llamando así porque es una costumbre, pero tienen poco que ver en lo que yo imagino o pienso… Esto que decían recién “Hay que hacer una revista”. Porque la revista es más que una revista. Era un grupo de gente, era ver qué título, era pelearse, era discutir, era ver qué papel, qué diseño. Yo siempre me acuerdo lo que dice Ismael Viñas en la presentación que escribe a la edición facsimilar de Contorno: “tantas explicaciones se hicieron del diseño de Contorno, que no tenía márgenes, que la austeridad, que el diseño era una respuesta a la fiesta del martinfierrismo. No, era que no teníamos plata para armar otro diseño.” Todo esto lo permite el papel. Acabamos de subir Gargantúa, la revista que dirigía Guillermo Piro. Un tamaño que es como si fuese dos veces La Nación. Era incómoda, porque la revista quería incomodar… Entonces ya el formato incomoda. Bueno, eso ya no está en las revistas digitales que se publican hoy. Y hay que pensar otras preguntas. ¿Cómo incomodás hoy con una revista digital? Es difícil. No sé, yo no dirijo una revista. Si dirigiera una revista, ¿cómo incómodo? Antes el tamaño ponía nerviosos a los vendedores que no sabían dónde ponerla. Cuando venían las revistas con los chirimbolitos… ¿se acuerdan? Anteojito que venía con… ¡era incómodo tener esas revistas en el quiosco! Hoy ¿cómo hacemos todo eso? Por eso, digo, no tengo idea de cómo se aborda el trabajo o las hipótesis, lo que sí sé es que es diferente, son modos de funcionamiento totalmente diferentes.

 

Guillermo: Sin que sea una reivindicación del tiempo que pasó, hay algo que me parece que es curioso para pensar lo digital y las revistas. Los kioscos tampoco son lo mismo hoy. En principio, hay muchos menos…

 

Sylvia: Son una lágrima.

 

Guillermo: Venden cosas que no necesariamente son diarios y revistas, sino con lo que se sostienen, venden otra cosa. En Corrientes son una lágrima, pasaron a vender libros viejos, en fin, es otra cosa. A fines de siglo XX las revistas, de acuerdo al tamaño, eran incómodas para los quiosqueros y para los distribuidores, porque no te la exhibían. Si venían con un formato como el de la Letra A no te la hubieran colgado porque no tenían dónde. Había algo ahí que desorientaba al quiosquero, tenías que ir a chamuyarlo para que te hiciera la pata y pusiera la revista. La periodicidad, que también tiene algo que ver con el formato papel, que en lo digital se puede dar o no. Y después lo que me hace ruido y me parece raro es pensar que tenemos que conservar absolutamente todo. ¿Cuántas veces en los zooms se graba para subirlo a la plataforma como si lo que se hablara no tuviera cierta riqueza de no quedar un registro grabado? Quizás está buenísimo, pero es lo que fue en ese momento. Pasa con las clases, pasa con tantas cosas que hay que tener todo guardado. Bueno, atenta contra AHIRA, pero por ahí está bueno que haya revistas que no se puedan conservar. Pienso en El Interpretador. Yo era un lector, pero tiene una dificultad, ¿cómo se reconstruye? Cuando fuimos a buscar en algunas revistas que no se guardaban porque el diagramador no guardaba el formato, no se hacían en pdf, tenés que digitalizarla de una. Se da una complejidad entre un tiempo que fue y el que es actualmente.

 

Sylvia: Y la lectura también cambia, a veces paso de una revista a otra y ni me di cuenta. Antes comprar una revista era como ser de un club. Vos sos de Boca, de River (esto para Manuela)… de San Lorenzo, de Huracán. Comprás esta revista y te asomás a otra. Yo tampoco tengo una mirada nostálgica, sí sé que es diferente. Y hay menos relato, porque todo lo más artesanal genera más relato. Tenés las historias de los que hicieron la revista, lo que costaba. Por ejemplo, Goloboff cuenta que se reunían en la casa de Castillo. Sarlo te puede contar cómo ella iba a las estaciones de subte y repartía Punto de Vista. Lo vinculado a lo artesanal que siempre genera más relato, o por lo menos uno, no sé, más humano. Esto que dice Guillermo es así. Antes uno no iba a un cumpleaños o a una reunión con un amigo, se sacaba una foto y la subía a una red. En la era del testimonio, lo testimonial atenta al mismo tiempo contra el testimonio, porque hay tantas fotos que ya da lo mismo. No es nostálgico, es diferente. No hay vuelta.

 

Guillermo: Y hasta nosotros estamos mitificando. No todas las revistas pasaron por los kioscos, en algunos casos se vendían en mano, o la repartía un grupo, o se mandaba en Chevallier para que la repartiera en mano un tipo que estaba en Córdoba. Por el kiosco pasaban las revistas comerciales, con más tirada, con otro volumen.

 

Sylvia: O había que encontrar qué librería distribuía tal revista. Ir al centro, entrar a Gandhi para ver si se conseguía, porque efectivamente no estaban en los kioscos esas revistas. Hoy las cosas circulan de otro modo. No sé qué saldrá de eso, la verdad que no tengo la menor idea. Pero sé que es diferente. Lo de los diarios sí es algo que me perturba, que estoy leyendo un diario que ya es viejo con respecto a lo que pasó dos horas después. Eso sí me desespera un poco.

 

Preservación

Guay (Marcelo): Sobre el tema del servidor en el que guardan toda la documentación que constituye la revista. Por el peso del material… ¿cómo se manejan con eso?

 

Sylvia: por suerte tenemos a Manuela y Martin que saben de esas cosas difíciles. Cambiamos varias veces de plataforma y conservamos todo en varios lugares. Es un tema, de hecho, tenemos una alarma…

 

Ana Lía: El tema es una preocupación. Al estar en una plataforma no institucional, muchas veces mi sensación es que está muy desprotegido…

 

Sylvia: Hay backup de todo triplicado, cuatriplicado.

 

Manuela: Los archivos están alojados en la nube, en la plataforma que tiene un servidor y además lo que tenemos es un programador que cuida, que le hace servicio técnico a AHIRA, que cuando se cae la página es la primera persona a la que escribimos y le pedimos ayuda, a Clementina que trabaja bárbaro. En cuanto a qué tamaño tienen los pdf, tenemos indicaciones muy precisas sobre cómo escanear cada jpg con un tamaño, esto lo aprendimos sobre la marcha. Le indicamos a quien digitaliza, que el pdf no se exceda de 20 MB. En un momento eran 80 MB porque nos gustaba hacer zoom y que se vean las letras muy precisas. Pero después nos dimos cuenta que con una compresión hasta 20 MB el pdf funciona bárbaro, y eso también habla de la facilidad de descarga y visualización.

 

Guay (Marcelo): Claro, sobre todo el desafío de la preservación que supone que hay que seguir guardando el papel. La preservación de los formatos digitales sigue siendo una incógnita a la par de toda esta compulsión al registro que tenemos, incluso para los grandes archivos. Cómo manejarse con la documentación que está digitalizada, guardada en plataformas digitales y que uno nunca sabe de qué depende…

 

Sylvia: De hecho, ya las computadoras no traen lector de cd o dvd. Yo tengo una cantidad de archivos que ya no puedo abrir, ya está, los perdí. Y esa idea de que por ahí se pierdan las fotos, a mí me desespera. Voy a terminar teniendo la foto de mi abuela y no la de mi futuro nieto. Es una incógnita. Ahora está todo puesto en lo digital, pero creo que también hay que preservar las colecciones que salieron en papel.

 

Guay (Marcelo): El soporte papel nos está garantizando una durabilidad que el digital todavía no nos garantiza.

 

Sylvia: Exacto

 

Manuela: Con respecto a eso, no es que nosotros tengamos las condiciones de cuidados hemerográficos. Las revistas que cada une tiene en su casa están en la biblioteca, en el mejor de los casos no les da el sol, y hasta ahí… Pero no es que tenemos una hemeroteca al cuidado de lo que requiere este tipo de material. Y muchas veces las revistas son prestadas, las tenemos que devolver, entonces el Archivo Histórico de Revistas Argentinas tiene un número de colecciones digitales, pero AHIRA no tiene eso mismo en papel.

 

Preferidas

Guay: Una última pregunta, de otro tono. Si cada una y cada uno nos cuenta la revista que por un factor o por otro es la que más quieren, la más entrañable de las que forman el archivo.

 

Manuela: ¿Valen dos? Les voy a dar tiempo y voy a responder, porque tengo dos en las que trabajé y me gustó mucho hacerlas. Una, la colección de Capítulo, que más que revista eran fascículos, pero que, para mí, además del valor académico, tuvo un valor afectivo porque la encontré en lo de mis abuelos. Y es una de las colecciones que, según las estadísticas, más visitas ha recibido. A mí me gustó encontrarme con ese material, porque son los fascículos de la historia de la literatura argentina y además por el componente afectivo que les cuento. Tengo otra que se llama Todo Fútbol, que también es una suerte de historia del fútbol, de los años 60. Fue una revista muy chiquitita, que encontramos en venta en internet, y fue un intento de empezar a abrir la sección deportiva en AHIRA, a la que todavía le están faltando componentes. Está el valor ahí de empezar una sección, porque todavía no lo tenemos catalogado de esta forma, pero son las secciones al interior de AHIRA. Todavía no las tenemos, pero se ven, se perciben. La deportiva es una de las que nos estaría faltando, así que, si tienen, bienvenidas.

 

Ana Lía: Yo también tengo dos, y las dos tienen que ver con cuestiones afectivas. Una fue haber digitalizado Fierro. Afectiva porque es la colección de Fernando, que compró y guardó sistemáticamente. Yo se la descuajeringué bastante para poder digitalizarla, hay amores puestos en haber leído esa revista. Y la otra es haber digitalizado Entrepasados: porque es la pata de la historia puesta en AHIRA y porque era un proyecto de Suriano, y también hay mucho afectivo. Es un proyecto impresionante, que duró mucho tiempo y uno sabe el esfuerzo que costó mantener esa revista. Después tengo muchos amores sueltos y un amor a futuro que es Primera Plana.

 

Manuela: ¡Lo compartimos! ¡Próximamente!

 

Sylvia: Iba a mencionar también Entrepasados, claramente por lo afectivo. En el mismo velorio de Juan (Suriano), sin saber lo que uno hace, le dije a Mirta (Lobato): “Entrepasados tiene que estar en AHIRA”. Fue como convertir en presencia la ausencia. Algo parecido, aunque el vínculo era muy otro, no era tan personal pero sí de admiración, me pasó hace poco con El Ojo Mocho. Ese día lo único que quería era que estuviese El Ojo Mocho. Otra vez se trata de hacer presente lo ausente. Es una zona bien sentimental. Y después sí quiero mencionar otros dos casos, uno la revista La Literatura Argentina, porque cuando era estudiante, en el Instituto de Literatura Argentina, ¡no podía creer que esa revista existiera! Una revista en la que se mencionan todos los libros de literatura argentina que se publicaron en los años 20 y 30. ¡No podía creer que existiera! Recuerdo la sorpresa. Iba al Instituto y no la prestaban para fotocopiar, no se la podía sacar. Entonces era negociar que me dejaran hacer algunas fotocopias. Tenía las fotocopias de las entrevistas a Arlt o las reseñas de Arlt que no sé con quién negocié en ese momento. Pero era difícil tener la copia de las revistas. Entonces, tener La Literatura Argentina en AHIRA fue… Y la otra, por motivos casi autobiográficos, es la Revista Multicolor de los Sábados del diario Crítica que es tener un poco de Crítica en AHIRA, que haya entrado Borges de esa manera…

 

Guillermo: Como salió la cuestión sentimental, ya la mencionó Sylvia, El Ojo Mocho. Por afectos, por grupo, porque fue el aprendizaje de hacer una revista, de estar. Después, no sabría decir una. Podría decir Barrilete, porque confluyen ahí los 60, la política, la política en relación a la literatura, los modos cómo se tejen cuestiones ahí. Macedonio es también una revista que a mí me gusta mucho. La Revista Argentina, que la descubrí por AHIRA, y es como una marca para los años ‘30, donde se da una confluencia de grupos que no parecía que pudieran convivir, como después fue Conducta que sería un hallazgo poder sumarla en algún momento, la revista de César Tiempo donde Boedo y Florida confluían. Hay algunas cosas que a mí me dejan más afuera, porque me siento menos cercano. Algunas de historietas, la ciencia ficción, eso no es mi tema, pero las literarias y aquellas donde se da ese cruce con lo político, me interesan mucho.

 

Sylvia: Una cosa que quería agregar: toda la zona de historieta es Martín Greco, que es un enloquecido por eso, por Patoruzú, Isidoro, Lupin, toda esa zona. La parte de las revistas vinculadas al universo de la ciencia ficción vienen del lado de Soledad Quereilhac. Esto que vamos a hacer ahora con el XIX va a entrar fuertemente con Claudia Roman. Las del rock, que entraron por Martín Servelli, que ahora está armando más revistas de música. Es decir, hacia adentro cada uno va sumando.

 

Guillermo: Y faltaría mencionar a Diego Cousido, que tiene una preferencia con las revistas de poesía.

 

Sylvia: Con las de poesía y con las de crítica literaria. Cada uno tiene su predilección, sus militancias…

 

martes 20 de julio 2021