Guay es una publicación hecha en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de La Plata, que se propone continuar la conversación a la que invitan los libros -y las películas, las muestras de arte, las obras de teatro, etc.-. Acepta el envite y, a través de comentarios, se dispone a pensar lo que cada producción en particular ha puesto en movimiento y lo que en ella ha cristalizado. El comentario añade, celebra y también discute.

Guay, en tanto publicación universitaria, trabaja sobre la unidad fundamental de nuestra formación,  los libros. Tantísimas transformaciones han hecho variar el paisaje de la vida en las universidades, no obstante los libros siguen  siendo sus pilares fundamentales. Guay hace de ellos su principal foco de atención, su materia. A la par, incorpora ese otro universo que podríamos llamar de las “imágenes”, que, aunque desde hace años tienen presencia en nuestras aulas, aún no se las considera vehículos de pensamiento tan relevantes como los libros. Como si sus dominios fueran externos al de las “altas casas de estudios”.

Guay buscará dialogar al interior de la comunidad universitaria y también más allá de sus límites que, por cierto, en más de un sentido se han vuelto imprecisos. Nos referimos, sobre todo, al amplísimo mundo de profesores, maestras y maestros que han tenido formación universitaria o terciaria, pero que ya no mantienen una relación estrecha con estas instituciones. Es con ese mundo que esta publicación, a través de la potencia de los materiales comentados, intentará hacer circular la conversación. Desde aquí, Guay intervendrá en la “cultura”, a la que sabemos tensa, contradictoria, áspera, en lucha.

A Guay le gustaría ser un río que ligue lo que está distante, que ponga en comunicación lo que de otra forma quedaría aislado, en el olvido.

Guay es una publicación sobre “objetos culturales” presentes y pasados. Entran dentro de su radio de interés tanto libros publicados hace cien años como otros que acaban de salir de imprenta. En verdad, nos interesa perforar la distinción tan prolija que se vuelve sospechosa entre presente y pasado. Así como lo pensado y escrito -o filmado- antes de ayer arrastra, con mayor o menor conciencia, un pasado que por lo menos lo marca, le echa encima su peso; lo escrito tiempo atrás permite ver de otra manera, con otra densidad, zonas de nuestro presente que suponíamos lisas o flamantes, o que quedaron postergadas en las miradas más usuales.

Guay propone leer materiales del presente y del pasado desde inquietudes, perspectivas y preguntas que son propias de la “escena contemporánea”. Pero lo contemporáneo no es la posición que define el régimen avasallador de la información y las noticias. Para percibir lo que nos rodea hay que salir, aunque más no sea un poco, de ese régimen. Porque se puede estar inmerso en el presente sin ser contemporáneo, sin aferrar lo propio de un tiempo que siempre es abigarrado. Leer materiales del presente sin dejar de tener en cuenta lo que los antecede y prepara. Leer materiales del pasado con las inquietudes que son de estas primeras décadas del siglo XXI, desterrando la pretensión insulsa de hacernos los distraídos con lo que sabemos ocurrió desde que eso se pensó y plasmó hasta nuestros días.

A Guay le interesan los llamados de atención con que cargan los libros y las películas respecto de la “vida en común”, por eso intentará descubrirlos y hacerlos resonar. Si fuera posible, a Guay le gustaría incluso ser una advertencia.