MÚSICA
CATRIEL ÚNGARO
“Bienvenidos al paraíso, bienvenidos al sueño argentino”
“Señora, tenemos a sus hijos” fue el primer disco de Marzo del 76, lanzado en el lejano 2004. Una banda punk nacida en lo profundo del conurbano oeste, que desde sus comienzos eligió la incomodidad como lenguaje. Veintiún años después, decidieron reeditar aquel primer trabajo con una remasterización que no es un mero gesto técnico: es una nueva declaración política. No propone una escucha de dispersión. Viene a pegarnos en la cara, a incomodarnos, a raspar. Esta nueva versión solo busca hacerlo con un sonido más claro, sin lugar a la duda.
Escuchar hoy sus melodías distorsionadas, su poesía tan horrorosa como dolorosa, nos obliga a pensar cuánto del pasado ha vuelto. No es solo un disco de mi adolescencia: es el presente
que nos atraviesa. Es una experiencia que remueve y sacude. Hay discos que no se escuchan, se enfrentan. Este es uno de ellos.
Marzo del 76 es una banda formada por un grupo de amigos que empezaron a tocar punk rock en 1997, y que aún siguen “triunfando en el arte de fracasar”, como afirman en su canción “Banda de amigos”. Este fue el primero de sus tres discos: Señora, tenemos a sus hijos (2004), El eterno retorno de los pedófilos setentistas (2010), y Canciones que nunca serán (2024).
Este primer disco está cargado de crudeza noventera. Presenta una lista variada de canciones que recorren una época desde diversas aristas: la frustración militante producto del fin de la utopía, la cruda cotidianidad del conurbano, las drogas, y una crítica feroz a los simbolismos neoliberales del fin de siglo. Tanto el nombre de la banda como el título del disco son una clara referencia a la última dictadura, en un momento donde sus consecuencias eran palpables en la cotidianeidad y los derechos humanos todavía no eran política de Estado.
“Señora, tenemos a sus hijos” es un desafío. Su nombre no invita al disfrute: nos fuerza a escucharlo, a enfrentarnos con sus duras consignas y con la crudeza de sus postulados. Que hoy, bajo el régimen actual, haya sido remasterizado no es mero capricho. Es una nueva provocación. Es echar sal sobre heridas que han vuelto a abrirse, un intento por despertarnos de la somnolencia de una realidad alienante.
La remasterización nos trae un sonido actualizado, donde cada capa instrumental se vuelve más nítida, permitiendo la transmisión sin interferencias de sus emociones. La voz, ahora más clara, nos escupe a la cara para que no queden dudas de lo que quiere decir. Canción tras canción nos sumerge en la oscuridad de un capitalismo esclavizante y deshumanizado. No es un disco que acaricie el corazón: es una sacudida directa a la conciencia.
Me cuesta sugerir canciones como carta de presentación. A lo largo de los años y las múltiples visitas al disco, encuentro nuevos significados y nuevas favoritas. Sin embargo, hay una canción que nunca ha dejado de resonar: “Mis tres obsesiones”, una crítica cruda a los tres pilares del argentino de bien —la bandera, Dios, “mi pija”— y todo lo que se oculta detrás de estos principios. A esa crítica se suma “Lucas el travesti”, el relato de una trabajadora sexual trans que sobrevive día a día mientras, como dicen, “la gente decente no piensa en la otra gente”, eligiendo sentir por quienes están lejos y no les piden tarjetas a cambio de una moneda. Acá no hay poesía barata ni bella. Hay prosas cortas, sucias, cargadas de lo feo que vive en los rincones, donde, como cantan, “los tiros de la ley no fallan casi nunca”.
La estética del disco también merece una mención especial. La tapa, con su diseño crudo y explícito, parece construida para incomodar, para forzar al oyente a entrar en un clima de denuncia permanente. No hay lugar para lo ornamental ni lo decorativo: el arte gráfico es una extensión de la propuesta musical y lírica, un grito visual que acompaña al sonoro.
Resulta interesante pensar el lugar que este disco ocupa en la escena punk actual. Mientras muchas bandas contemporáneas coquetean con el mainstream o con una rebeldía domesticada, Marzo del 76 elige seguir escarbando en la herida. El under, con todo lo que implica, sigue siendo su territorio. Y allí, con esta remasterización, tienden un puente entre el punk de fines de siglo y las urgencias del presente.
Además, el disco dialoga de forma potente con un contexto político signado por el negacionismo, los discursos de odio y el intento de vaciar de sentido las luchas por la memoria. Volver a lanzarlo en 2025 no es solo rescatar una obra: es intervenir culturalmente en un presente que agobia. Es una forma de decir “acá estamos” cuando muchos prefieren callar o relativizar.
Todo aquel a quien esta situación no le pase de lado —a quien el presente le duela, le pique, le incomode— no va a encontrar consuelo en “Señora, tenemos a sus hijos”. Pero lo necesita. En un mundo donde todo es consumo y los sujetos son apenas consumidores, donde toda versión se vuelve verdad parcial por ser creencia personal, Marzo del 76 nos recuerda que en el under sigue habiendo incomodidad, y que el punk todavía puede ser un acto de memoria y resistencia.
Recomiendo el ejercicio de enfrentarse a sus canciones, seas o no oyente habitual del punk. Porque seas quien seas, no vas a atravesar esta experiencia sin salir perturbado por su propuesta. Su canción final, “Vengan todos”, es una invitación al circo democrático, a la fiesta de la moral, al sueño argentino. Una ironía brutal. Una postal sucia de la normalidad que habitamos.
En lo personal, enfrentarme a esta remasterización fue una experiencia ambivalente: por un lado, el reconocimiento nostálgico de un sonido que me marcó en la adolescencia; por otro, el malestar de comprobar que muchas de sus denuncias siguen vigentes. Eso es, quizás, lo más
poderoso de este trabajo: su capacidad de persistir como un puñal en la conciencia. No hay disfrute cómodo acá, pero sí una forma intensa de la verdad.
Graduadx FaHCE
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación | Universidad Nacional de La Plata
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