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POESÍA

EMILIANO TAVERNINI


Gardela (2018)
de Gerardo Foia

Alabada seas

infinita Gardela

 

Foia

     En Gardela, largo poema en 496 versos, Foia logra algo de lo que muy pocos poetas se pueden preciar. El libro no es una reunión de poemas dispersos, tampoco una obra autónoma dentro de su producción. Podemos decir que Gardela, cuarto poemario del autor, forma parte de una obra todavía en construcción que se piensa y se concibe en unidad y continuidad. Se aprecia en Gardela una reversión de la otredad maternal del yo lírico de La mirada herida (1997) o un retrato del eterno femenino antes de devenir diosa, sobre el que trabaja  La venus del sur (2024).

     Gardela es una obra profundamente humanista, en ella el poeta admira la materialidad del símbolo, la morocha de arrabales últimos (Borges dixit), cuya sonrisa criolla, espejo de Carlos Gardel, se vislumbra como idealización mítica que abunda y encarna en anécdotas terrenales, vanas, efímeras, aquellas que precisamente son las que logran sintetizar la confluencia de los amantes, sólo en la melancolía del recuerdo: “Cuándo volverás a visitarme / bailar cumbia / cocinar alguito / con una botella de vino bajo el brazo / que comprás en el maxikiosco de la avenida” (p.73). Estamos frente a un pasado al que un deseo inextinguible empuja hacia el futuro, porque como dijo el Indio Solari son recuerdos que mienten un poco y fungen de experiencia para la creación artística: “yo paso mis días lentamente / haciendo artesanías / con la blanda arcilla que es mi memoria” (p.59). Creemos que en estos versos se cifra el arte poético del autor. Toda escritura se funda en un vacío y el poemario juega con una Gardela que con el avance de la lectura pasa de ser metáfora de la imaginación a revelarse cuerpo contingente. Esa invocación-aparición no es otra cosa que el poema. Gardela mónada, espejo indestructible del universo. Y en sus intersticios aparece la verdad, contradictoria, paradojal, múltiple. 

     El poemario arma y desarma una épica de lo cotidiano, del levantarse luego de la derrota, que reside en el ritmo y en el corte austero de los versos, donde suelen aparecer endecasílabos y octosílabos; a la vez que se propone conservar la sintaxis pese al huracán, pese a todo, a la manera de una carta de despedida. Su tono es el de una máxima o sentencia que apela a lo irremediable de la lección aprendida: “no siempre se festeja en la gloria / del mismo modo / que no todos los fracasos son para ocultarlos” (p. 52). En otra ocasión, las razones del enamorado que de antemano sabe que nunca saciarán a la amada, se convierten en un subterfugio de la súplica: “Si no hay mejor baqueano que yo / en el relieve de tu cuerpo / inagotable” (p. 48)”. En este sentido, no sería improbable que Gardela pueda oficiar de manual de autoayuda del desastre romántico para jóvenes enamorados. De hecho, los rituales de superación pueden inspirar o motivar en el lector nuevas aventuras épicas, a modo de antídoto: “Vos sabés muy bien que a veces / uno necesita dar un par de vueltas / antes de seguir el camino / o la bebida” (p. 64). 

     El estilo de Foia, tal como fue observado por su editor Javier Cófreces, dialoga con grandes poetas de la tradición occidental, como Safo o Catulo, pero me interesa destacar especialmente el estilo epigramático de Marcial que pervive en uno de los mejores poemas del libro: “Las horas enhebran su día / como el perro ladra al extraño” (p. 54). Tal como ocurre con la Laura de Petrarca, Gardela no es la verdadera protagonista sino el poeta, mejor dicho, el vacío de su ausencia en el poeta. Un diario poético del silencio de la ausencia que no obstante debe decirse, pero también un diario del sinceramiento de las pasiones, una iluminación que adviene sólo en la distancia: “Pero Gardela / no soy un amante raso / y vos nunca creíste en mi definitivo amor / de sólo ese instante” (p. 69). 

     El poemario le da una vuelta de tuerca al tópico petrarquista y, en varios pasajes, hace alusión a ese yo-mí que habita en ella: “Te dejé mi bandera para que la levantes en mi ausencia / y otro hombre te pueda disfrutar / y te celebre / y entonces puedas sacar a relucir el brillo que mío es en vos” (p. 40). En este verso leemos la marca profunda que las poéticas sesentistas dejaron en el Foia lector, huella de ese ritmo coloquial que anima los tópicos universales, la mujer como territorio, patria, bandera: “Haz lo tuyo de una vez Gardela / país mío” (p. 83). En el largo exilio de la biografía de la amada, la Historia se torna personal y autobiográfica y se expande con un léxico claramente identificable que remite a la res publica Argentina, a las memorias del pasado reciente que perturban en un nuevo contexto. Este movimiento dota de trascendencia al sujeto imaginario del poema, con la sencilla fuerza de un haiku: “A vencer o morir / que aquí / es casi lo mismo” (p. 71). La materia del canto no son las repercusiones externas del acontecimiento, sino las vicisitudes de este en la vida íntima. 

     Además, Gardela se relaciona con Petrarca porque como cantó Luis Alberto Spinetta, también se volvió canción. En 2018 Sergio Vainikoff estrenó junto al poeta Gardela. Poema en un acto para voz y orquesta en el Centro Cultural de la Cooperación, con puesta en escena de Claudio Ferrari, un trabajo wagneriano, en la búsqueda de la obra de arte total, que todavía aguarda la difusión de su registro completo.

     Gardela entonces, como eterna morocha de arrabales últimos, tan lejanos e inasibles como el sueño o el mapudungun, territorios y lenguas que alucinan lo tangible y perviven como huellas de una irrealidad que se experimenta feliz. No otra cosa, pensamos, es la utopía. Una pulsión de la que no se puede escapar: “No encuentro diferencia alguna / entre un romántico y un adicto” (p. 19). Definición que llama la atención porque se asemeja a otra que esboza Osvaldo Bossi en Chicos malos (2012), cuando afirma: “nada de lo que él vende / me interesa, pero leyó en mis ojos, estoy seguro / la tortura y la delicia de un deseo de amor / que es la droga más terrible del mundo”. Sería redundante enumerar los encuentros que se producen entre ambas escrituras que podríamos constelar, si se me permite, bajo el nombre de romantisísmico rioplatense, tomando el título de uno de los discos de la banda de otro poeta que podría formar parte de estos canales subterráneos de encuentro cultural, Adrián Dárgelos. Este romantisísmico se diferencia del neoromanticismo que propugnaba Último Reino, influenciado por el dark romanticism; a la vez que toma distancia de la fuerza gravitacional del Diario de poesía y el denominado objetivismo, aunque sin perder de vista las marcas de la juventud de fines de los ’80 que perviven en alusiones a la cultura de masas, al rock y a las drogas. 

     Consideramos que poéticas como las de Foia o Bossi, que no casualmente han confluido en sus comienzos en la conformación del grupo Bardus, jóvenes entonces animados por el editor José Luis Mangieri, a quien está dedicado Gardela, representan una zona de la poesía argentina que requiere más atención por parte de la crítica literaria. Esta zona ha pasado inadvertida entre los recortes que abordan el corpus “poesía de los noventa” y ha sido crucial en la conformación de redes y proyectos que reorganizaron el campo literario en la posdictadura. Así, estos apuntes se proponen celebrar la poesía de Foia, actualizando el conocido epigrama de Marcial, aunque sin términos excluidos en el saldo del retruécano: “Reservas tus elogios para los muertos, / jamás aprecias a un poeta vivo. / Discúlpame, prefiero seguir viviendo / a tener tu alabanza”.

 

Nota: Este libro fue declarado de interés para la comunicación social por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

EMILIANO TAVERNINI

Es Doctor en Letras, Magíster en Historia y Memoria, Profesor en Letras (UNLP). Docente de Introducción a la Literatura, del Seminario de posgrado Literatura y Memoria y de Taller de tesis (FAHCE-UNLP). Coordinador editorial de la revista Perspectivas Bonaerenses. Revista de Humanidades y Ciencias Sociales de la provincia de Buenos Aires (Comisión de Investigaciones Científicas).

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