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POESÍA/POLÍTICA

EMILIANO TAVERNINI


El amor por los débiles & el instinto de asesinato (2023)
de Julián Axat

axat

El peregrino de las estrellas

En cuanto a mí, ya en los principios de mi vocabulario, a una edad tan tierna que todavía expresaba mediante ruidos que quería dormir o comer, sabía que había sido un vagabundo de las estrellas. Sí, yo, cuyos labios nunca habían pronunciado la palabra “rey”, recordaba que una vez había sido el hijo de un rey. Más aún, recordaba que una vez había sido esclavo, e hijo de un esclavo, y que había llevado alrededor del cuello un collar de hierro […]. Otras voces gritaban a través de mi voz, las voces de hombres y mujeres de otras épocas, de mis antepasados ocultos entre sombras. Y el gruñido de mi rabia se fundía con los gruñidos de bestias más antiguas que las montañas; y los dementes ecos de mi histeria infantil, con todo el rojo de su ira, se mezclaban con los gritos estúpidos e insensatos de bestias prehistóricas anteriores a Adán. Y aquí se descubre el secreto. ¡La ira roja!
Jack London

     En “Kafka y sus precursores” (1951) Borges analizó de qué manera una obra influye no solo en las obras del futuro, sino también en las del pasado, activando nuevas lecturas de diversas tradiciones. No podría afirmar si estamos en presencia del mismo fenómeno, pero intuyo que en los misterios insondables del azar y las asociaciones se activa una tradición profunda que atraviesa a toda la literatura argentina desde los albores del siglo XX, una tradición hecha de traducciones sospechosas de Fedor Dostoievsky, Robert Louis Stevenson, Jack London o Julio Verne, que ofician de inconsciente colectivo para varias generaciones de lectores argentinos, que a lo mejor no los abordaron de manera directa como el mismo Borges, sino a través de otras escrituras.
     La “ira roja” a la que alude el epígrafe y que define al personaje de Darrell Spanding en The Star Rover (1916), condenado a muerte que puede recordar todas sus vidas pasadas, se ofrece como una buena definición de la experiencia de lectura de los poemas de El amor por los débiles & el instinto de asesinato (2023), Julián Axat. En la imagen de la “ira roja” confluyen Marte, los deshechos lunares del 2345, las ucronías de la URSS y la irritación del poeta ante determinados acontecimientos cercanos en el tiempo: la salvaje represión a los estudiantes chilenos en 2019, el asesinato de George Floyd en 2020 o el desalojo de familias en Guernica mediante el uso de topadoras. Los poemas registran la violencia institucional universal en un diario de bitácora que se propone decantar la memoria de los cuerpos, del espectáculo de la noticia.
     El poemario constata las distintas variaciones del Odio cósmico, tal como definían los Manos a los Ellos en El Eternauta (1959) de Oesterheld y Solano López. Sin embargo, lejos está de ofrecer una lectura tranquilizadora, concretizando un “nosotros” para pensar esa otredad. La identidad también es ese riesgo de hybris que señalan el soldado nazi y el soviético desde la tapa, casi como espejos. La complejidad en el abordaje de la relación víctima-victimario hace de este, quizás, el libro más borgeano de Axat. En El hombre que odiaba a los perros, simulacro de la pésima novela de Padura, leemos que “Dios y el Diablo son la misma persona”. Incluso, podemos pensar la & del kierkegaardiano título, –que remite y homenajea a otro peregrino, Mario Santiago Papasquiaro– como parodia de la imposibilidad de estabilizar la frase binominal.
     El primer término, se desplaza de la tradición marxista que conceptualiza la fuerza de los oprimidos como dato fáctico, aun cuando todavía no estén dadas las condiciones materiales y sea necesario un trabajo militante para que la clase tome consciencia de sí misma. Los débiles, en cambio, son fruto de este presente distópico, son aquellos que mueren potros sin galopar, debilidad de diseño biopolítico cuya duración ya está prefijada para que no arribe a ninguna conciencia ni nada que se le parezca. En el segundo término de la &, se aludiría o bien a la pasión que vehiculiza el deseo de justicia y conecta con los ideales emancipadores y las teorías sobre la violencia, o bien a los instintos primitivos no sublimados.
     Como lectores, vacilamos acerca de si ese instinto es efecto del amor por los débiles o es oposición al amor por los débiles, y en este sentido, estaríamos ante una reversión del enfrentamiento mítico entre Caín y Abel. Como no es objeto de la poesía ofrecer respuestas, sino apenas vislumbrarlas en epifanías indecibles o provocando nuevas incógnitas, el hecho de no negar ese instinto, aun cuando el poeta sea un abogado comprometido con los Derechos Humanos, se torna político, punza al lector.
El instinto de asesinato parodia axiomas que se pisan la cola, del estilo “el amor vence al odio”, y manifiesta que el odio nunca puede ser patrimonio único de las derechas. La debilidad actual del campo popular se percibió claramente en el reciente proceso electoral. La debilidad de una campaña que al odio y a la violencia le contesta con miedo, porque “lo peor está enfrente”, mientras tanto la idea de futuro sigue extraviada, congelada, como el tan mentado programa de acción política, que se asemeja al poema “El cosmonauta abandonado”:

 

 

En el tiempo que aún viajan los sueños
la estatua del cosmonauta
ruge como espantapájaros
en la estepa

Allí donde los restos
de la Ciudad de las Estrellas
valen más que el resto de un Gulag o acaso
toda la obra completa de Efremov

La estatua del cosmonauta es todavía
hermosa
aún repleta de estiércol
nadie podría dudar
que mira más allá del horizonte
Su estirpe erguida
nos interpela
pide a gritos
que la dejemos allí
mirando el infinito
el punto del infinito
que acaso nosotros
Somos incapaces de mirar

 

 

     “El cosmonauta abandonado” funciona como una metáfora de aquello que Andreas Huyssen alertaba a mediados de los noventa a propósito del giro conservador de la cultura de la memoria, cuestión que acá recién pudimos problematizar cuando las políticas de Memoria, Verdad y Justicia resistieron la primera oleada neoliberal del siglo XXI. De ahí que la befa a la monserga de “no hacerle el juego a la derecha”, nos lleva a preguntarnos: ¿cuántas experiencias necesarias fueron ocluidas para encorsetar discursos y prácticas al platonismo republicano?
     Ontológicamente, el miedo es una experiencia más característica de las clases dominantes que el odio, en todo caso este se explica por las acechanzas que imagina el primero. Solo los débiles pueden pensar que los privilegios son eternos.

     El nuevo poemario de Axat invita a repensar los vínculos entre imagen, poesía y cielo. Nos sumerge en ese placer antropológico –que nos conecta con el paraíso perdido de la infancia– de formar figuras con la posición de las nubes o de las estrellas, restos de luz que resisten iluminando nuestros pensamientos, cuando se dejan ver.
Podemos arriesgar que el animismo en las culturas indígenas se relaciona con la distancia que se establece entre naturaleza y conocimiento científico. En nuestro mundo cuantificable, ultravigilado, donde todo es alcanzable o compensado por el kitsch de las Saladitas del consumo, el cielo, por suerte, todavía persiste como índice de lo imposible. Más allá de las alteraciones que satélites, sondas y aviones realizan sobre el paisaje, los poetas retornan e indagan esa imposibilidad, esa distancia. Hay poesía cuando se crean figuras en ese palimpsesto de estrellas. Entonces, el poeta, como lector de los cielos, con los pies firmes en la tierra, se eleva. Como ha dicho en ocasiones Axat, la poesía es una máquina del tiempo imposible, y podemos agregar que lo irrealizable que pervive en la imaginación es su combustible.
     En la vena lírica de la ira roja, las voces de El amor por los débiles se encuentran en estado de ansiedad y desesperación, configuran una casa, ese espacio que para el poeta Pablo Ohde era más imposible que los castillos. Un hogar en el cielo de estrellas se torna fideísmo secular hecho con ese lenguaje del futuro que es la poesía.
     Como decía, hay algo borgeano en este libro de Axat que no está en su obra previa, irrupciones de humorismos que rompen con la densidad del eje principal que atraviesa el libro. “Otros obreros”, “Blend de noches”, “Puzzles en Chihuahua” o “Cervantes o Shakespeare (si como afirma el griego el Cratilo)” inauguran una nueva zona, la cual trabaja con las minucias de la vida cotidiana, momentos breves que como las estrellas se niegan a desaparecer y relumbran en una anécdota que seguramente en cien años sintetice la biografía de una vida.

     El año pasado, la Secretaría de Derechos Humanos y el Archivo Nacional de la Memoria subieron un video a Youtube en el que Julián Axat reflexiona sobre su archivo familiar, fragmentos de la búsqueda de justicia por la desaparición de sus padres, Rodolfo Jorge Axat y Ana Inés Della Croce. Recomiendo al lector verlo, al menos por dos motivos. En primer lugar, porque se inicia con una lectura de “Estación Shell Autopista La Plata Buenos Aires”, de Cuando las gasolineras sean ruinas románticas (2017), en la que la inflexión de la voz modifica las lecturas que podrían hacerse del poema en silencio.         El texto sugiere que nuestras derrotas generacionales están hechas de las derrotas que las generaciones pasadas ocultan bajo la alfombra, son ese libro pendiente que nunca llega. En segundo lugar, plantea la cuestión de qué hacer con el archivo y el rechazo a que se convierta en un museo inmaculado. En este sentido, en los últimos tres libros del poeta encontramos un trabajo benjaminiano que le asigna importancia a la imagen, pero discute la manipulación acrítica que de ella hace la cultura de la virtualidad. La imagen debe decirse para comprenderse, no otra cosa se propone el poema “Últimos días en el Swift de Berisso” de El amor por los débiles:

 

 

Esa mañana de 1977
Rodolfo Jorge Axat llega temprano al Frigorífico “Swift” de Berisso
antes me ha dejado en la guardería.

Es día de matanza
y el aire está espeso / todo tiene olor a vísceras
los compañeros afilan cuchillas para el degüelle
y el rugido de las bestias se escucha desde la calle Nueva York

Salen pescuezo / nalga / asado / ojo de bife / aguja / osobuco / roast beef / vacío / lomo / filete / pecho / cuadril / brazuelo / solomillo / cadera / culata / tortuguita / espinazo / falda / tapa / tapilla / cuadrada / contra / paleta / bofe / corazón / lengua / esternón / riñones / seso / quijada /

Res es cosa / cosa es Rex
recita la mano del verdugo
que viola y no destaza
hasta que en el legajo figure la falta

(una cámara en frío)

y el fantasma de Echeverría
luce acostado en la parrilla

recitando su epopeya patria
y al final de la jornada
los obreros reciben 2 kg de yapa (para sus casas)
Volanteada en la puerta…
propaganda montonera…

/ Perón vive / en la carne 7 en las vísceras /

Esa tarde de 1977
Rodolfo Jorge Axat me busca de la guardería
Y los días / serán exactamente iguales

hasta que el telegrama diga:
“despido por ausencia injustificada”

 

 

     El poeta revuelve, desordena los archivos familiares y los interviene, en el proceso invierte aquella frase fogwillesca de Perón, cuando sugería que “la víscera más sensible del ser humano es el bolsillo”. Aquí, “Perón vive / en las carnes / en las vísceras”. La tragedia metonímica del padre que anuncia el verso funciona como manifiesto contra el pragmatismo de la táctica cuantificable sin estrategia y el verticalismo de la rosca infinita.
     La cuestión entonces es ideológica, pero también metodológica, sin el análisis de esa experiencia que los sobrevivientes de la militancia revolucionaria no suelen compartir o formular, y postergando, al menos desde 2015, una profunda autocrítica dialéctica en el campo popular, ¿cómo enfrentar el Odio cósmico? Poniendo flores en la boca de los fusiles seguramente no sea una solución.
     El amor por los débiles & el instinto de asesinato nos invita a construir una nueva épica de la resistencia desde la derrota, como Juan Salvo con sus compañeros en la Buenos Aires nevada de la década del ’50, como los docentes y las comunidades indígenas enfrentando la impunidad de Gerardo Morales en Jujuy, como la desorganización cacerolera que salió a ocupar el espacio ante los anuncios monárquicos de Milei. Épicas que apelan a paraísos perdidos que existieron, pero no de manera tangible, material, concreta, sino en los sueños de futuro de las generaciones pasadas. Ahí aguardan la Olinka del Dr. Alt, la Isla de Pascua de los Siloístas, la poesía de Axat:

 

 

porque el pueblo ha sido quitado del medio
& solo los versos podrían
comunicarse con los escombros de una épica
& excitar de nuevo

EMILIANO TAVERNINI

Es profesor en Letras (UNLP) y magister en Historia y Memoria (IdIHCS-CONICET). Estudia la relación entre literatura y memoria en la Argentina reciente, en particular la poesía de los hijos de militantes políticos.