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MÚSICA

CATRIEL ÚNGARO


Angry Zeta: Cuando Cletus Spuckler, el bato de flojos colmillos, se tocó una de Flema


Las noches no son malas cuando mi memoria falla. Es que la realidad no es para mi

 

Malparido


Sonríe. AngryZeta te ama

 

 Lema de la banda.

     Uno de esos sábados que arrancan con la energía y el ánimo arriba me dejé llevar por el algoritmo de Youtube -una de las pocas veces que sale bien- mientras tomaba mates y cosía algún que otro remiendo por vez mil en mis cortos.
     De repente, un sexteto teniendo una sesión en alguna esquina perdida de EEUU me partió la cara con tres canciones al hilo. ¿Quiénes eran estos loquitos lindos cantando en un inglés C1 y en un castellano argento espectacular?

     Los Angry Zeta and the Hillbullys, o solo Angry Zeta, es la banda que desde hace un poco más de diez años mezcla en un cóctel explosivo el virtuosismo del bluegrass,  la melancolía del outlaw country y  la ironía del punk más argento que se les ocurra para dar como resultado una fiesta incomparable cada vez que pisa un escenario. Con fuertes influencias que van desde Flema hasta Bridge City Sinners. Les vengo a contar un poco de ellos, aprovechando su reciente gira por Europa, EEUU y Brasil – una aventura de casi tres meses- y el reciente estreno de su último video “ I will Let you down”, que lejos de su título no decepcionan ni un poco.

     Con cuatro discos en su década de existencia, Angry Zeta and the Hillbullys (2016), Front Porch Music (2019), Five Finger Fillet (2022) y Chills and Thrills (2024), la banda  nos sumerge en un género que poco suena en lo cotidiano de nuestras vidas pero que poco a poco se abre camino, en cada fecha siempre hay caras nuevas que quedan atrapadas. ¿¡Y cómo no hacerlo después de escuchar a la única banda que tiene una canción escrita por un perro!? Eat your poop, el relato de la vida canina- eso sí, interpretado por Martin, dueño, banjista y cantante de la banda-.

     Como comenté, acaban de volver de su última gira, que los llevó por distintos países de Europa —Alemania, Bélgica, Países Bajos, Francia e Inglaterra— y por Estados Unidos en dos tandas que recorrieron los estados centrales, y también por Brasil. Una más dentro de la larga lista de giras que vienen realizando cada año, sumando fechas a un calendario que parece, literalmente, humanamente imposible.

     Las giras de este año tuvieron un sabor especial: fueron parte de las ediciones internacionales del Muddy Roots, festival que desde hace quince años se celebra en su natal Cookeville, Tennessee, con el espíritu de reivindicar la música folk y el espíritu DIY (Do It Yourself, “hazlo tú mismo”). Con el tiempo, el festival amplió su horizonte hacia otros géneros, sin perder esa raíz independiente y rebelde. Angry Zeta participó en las ediciones de Inglaterra, Rotterdam y en la de Nashville, donde compartieron escenario —como banda coestelar— junto a los míticos The Casualties y D.R.I. (Dirty Rotten Imbeciles).

     No es la primera banda del género en Argentina, pero sí que es la banda referente, no cabe la menor duda. Desde el sello Ahijuna Records —del cual varios de sus integrantes forman parte— se cargaron al hombro la ardua misión de un proselitismo que combina la música nacida en las colinas de Tennessee con las aventuras de una noche porteña cualquiera.

     Su reconocimiento más grande, por ahora, llega desde el exterior, donde este género ya tiene un público consolidado y ellos cuentan con seguidores que esperan con ansias cada nueva gira.

     En Argentina, en cambio, Angry Zeta son los encargados de sembrar la semilla, y poco a poco empiezan a cosechar sus frutos. Son parte de la organización del Muddy Roots BA en el CAFF (Club Atlético Fernández Fierro), el lugar que ya los adoptó como locales, con dos ediciones en las cuales participaron artistas de diversos géneros y de todas partes del globo. Asimismo, el Bluegrass Festival de diciembre -del que también forman parte de su organización-, que siempre promete otra celebración de esa mezcla única entre raíces sureñas y espíritu criollo, marca indiscutible de la banda.

    Cada vez que puedo ir a verlos me encuentro formando parte de un extraño ritual pagano que poco a poco produce un trance especial. Entran de a uno, empiezan a tocar cargando lentamente el ambiente con una energía densa, cada instrumento llama a la congregación cerca y alrededor del escenario para explotar en un frenético baile y expresión prohibidas de puertas para afuera. El encantamiento ha empezado.

     Dominados por un rito vudú que nos lleva a tirar unos extraños pasos. Bajo la provocación de Zeta (el Zeta enojado),  guitarrista, cantante y compositor: “¿Van a bailar o no van bailar?”, no queda otra que gastar suela al ritmo de la washboard, banjo,  mandolina, contrabajo, violín, guitarra y voces. Este brujo se encarga de guiar y ver que se cumplan los pasos del ritual. A través de su carisma, sus canciones perfectamente ejecutadas y el cariño que no ahorra a la hora de demostrarlo con los feligreses angryzetianos, asegurándose que todos lleguemos a buen puerto.

     De a ratos hay respiros, donde uno solo puede escuchar fascinado la mágica voz de Mariana, una de sus contrabajistas, cantar “Sittin’ on top of the world” de Burna Boy con una magia que realmente hace sentir que en ese momento estamos en la cima. Luego, la caída libre con sus versiones de Sí yo soy así de Flema o No tengo nada de Embajada Boliviana interpretado por la enérgica y aclamada Clara, la otra contrabajista.

     Su repertorio abarca clásicos de la música estadounidense como Glory de la banda Those Poor Bastards,  Cocaine blues del mítico Jonny Cash, I saw the light de Hank Williams, entre otros artistas. Asimismo, hermosas obras que no necesitan letra para llegar al fondo de la conciencia, Lunch for breakfast y Bluggle Call Rag. Temas propios que no se quedan nada atrás, Your uncle tune, worms and bugs y Malparido (de la cita con la cual abro esta invitación a escucharlos). Esta última canción presente en “five fingers filled” representa la mezcla perfecta entre la la cultura sureña norteamericana y la vida criolla, con la ironía de quien sabe sortear la desgracia y encontrarle gracia.

     Hay una figura que no pasa desapercibida en tal fiesta: Huguito, el encargado de la mandolina. Su sonido tiene algo de conurbano y de montaña; con un movimiento de dedos frenético, suelta acordes encantados que no nos dejan parar. No solo acompaña: encarna el avatar de Angry Zeta, la fuerza imparable que guía la coreografía en El Pasito.

     El hechizo no estaría completo sin Waltzer, violinista y cantante, cuyas letras y melodías invocan a espíritus antiguos a danzar en ese pogo friendly para mayores de treinta años. Con una voz rota y sombría, que suena a los viejos discos que se reproducen al revés para detectar mensajes ocultos.

     Todo esto ¿para qué? para exorcizar a la tribu salvaje de los fantasmas del día a día, liberarnos de la rutina. Y mientras el círculo gira, Tukas se luce con su five finger fillet, ese juego de cuchillos que resume todo lo que son: velocidad, aventuras y sonrisas.

     Junto al virtuosismo instrumental que demuestra cada uno de los integrantes, tan propio del bluegrass. Las voces del sexteto, trabajadas hasta el más mínimo detalle, se entrelazan para potenciar a quien asume la voz principal en cada canción. Mariana en I Hate You, Waltzer en Cloven Hoof, Martín en Worms and Bugs y Zeta en Chill and Thrill, por mencionar algunos ejemplos. Cada uno aporta matices y arreglos vocales únicos, sin que la individualidad opaque el conjunto, resaltando una de las características más nobles del género: la fuerza coral. Reforzando, de esta manera, las órdenes del exorcista al momento de expulsar la oscuridad que atormenta al aquelarre angryzetero.

     Así termina el ritual. Volvemos a la civilización, a su normalidad. Hasta la próxima vez que Angry Zeta vuelva a invocar a la tribu salvaje.
PH:@herickfrontado
PD: El 31 de Enero Pablito “Waltzer” se adelantó y nos dejó atrás. Nunca va a leer esta invitación a escucharlos, pero se bien que él sabía lo que siento por ellos.
     Como es bien sabido, nadie muere mientras viva en la memoria. Mientras Angry Zeta se siga escuchando y revisitando, como cita la frase “WALTZER NOT DEAD”

CATRIEL ÚNGARO

Graduadx FaHCE

a ver