GUAY | Revista de lecturas | Hecha en Humanidades | UNLP

Quisimos que el último envío de Guay del año tenga como tema el estado de deliberación y movilización de las universidades públicas, que fue un dato mayor de lo ocurrido en este 2024. Y que, además, todo indicaría, se sostendrá durante el año próximo. Poco originales, se nos ocurrió que podía funcionar el viejo formato de la encuesta. Se trata de tres consignas o preguntas con las que invitamos a docentes y estudiantes de facultades de distintos lugares del país a que nos respondan sobre sus experiencias y perspectivas.

Las preguntas

 

Te pedimos que nos cuentes algo ocurrido o conversado en las aulas, en las asambleas o en las movilizaciones que te haya llamado la atención y entiendas en algún sentido significativo.

 


En función de lo que seguramente será la continuación de este estado de movilización y lucha a lo largo del año próximo, nos gustaría que pensaras algunos indicios que te entusiasmen así como algunas cuestiones que consideres preocupantes.


Como estudiante, como profesora o profesor, como integrante de la comunidad universitaria: ¿suponés que deberíamos alentar algunas discusiones en particular en pos de enriquecer y hacer más potente -o eficaz- el estado de movilización y lucha?

 

Agustina Serrano, alumna avanzada de la carrera de Historia de Humanidades de la UNLP

 

“Sin ingenuidad ante la crueldad”

  1. Promediando el segundo cuatrimestre organizamos con lxs compañerxs de la Comisión de Estudiantes de Historia un taller abierto, para pensarnos en torno a los mitos que desde este gobierno y las redes se han dicho sobre la universidad pública. De ese taller me quedo con una certeza: pensarnos entre pares y en voz alta es esencial para dejar que broten las ideas nuevas. Fue importantísimo poner el cuerpo en las calles para interrumpir la quietud y la cotidianeidad; creo que fue igual de importante, para nosotrxs, como comunidad, la existencia de espacios para hacernos preguntas, más allá de las respuestas.

  2. Me preocupa que como generación nos subamos a la forma discursiva que parece imperar ahora: la crueldad y el bait. Me preocupa que “hacer política” sea, o bien mala palabra, o bien una constante crítica e indignación, que no convoque. Me generan entusiasmo los gestos que hacen de la política algo real, cotidiano, que se hace con tu vecinx y tu compañerx de al lado, como intervenir en las marchas desde la música o las consignas que al tiempo que denuncien, hagan reír. Sin ingenuidad ante la crueldad, me entusiasma que a través del arte (y el goce) le volvamos a perder el miedo al espacio público, compartido, como espacio donde transcurre la vida.

  3. Creo que tenemos que revisar a dónde estamos llevando las discusiones. Hay preguntas que están pidiendo ser revisitadas, y justamente. ¿Para qué sirve lo que hacemos en la universidad? ¿Por qué es importante que se sostenga pública? No en pos de rendir cuentas, sino que no perdamos de vista que las grandes preguntas nos definen. ¿Por qué es importante quién accede a la educación? ¿Quién puede vivir de enseñar? ¿Quién está al frente del aula? ¿Qué aulas queremos? Creo que estas preguntas nos traen a tierra y el aprendizaje-enseñanza vuelve a cobrar sentido, al menos para quienes queremos construir futuros distintos de este presente.

Ariel Ringuelet, Ingeniero Agrónomo, profesor de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional de Córdoba

“La provocación que ejerce el ejecutivo (abuso de poder) sobre la comunidad universitaria, me empodera”

  1. Lo que más me llama la atención es la actitud que tiene la agrupación Franja Morada frente a las circunstancias. No llega a apropiarse del conflicto y usarlo como bandera, siendo que su emblema reformista es justamente lo que está cuestionando el gobierno: la universidad pública, libre, gratuita y autónoma. En la medida en que esto no suceda, creo que estamos en problemas, porque representa a la mayoría de los estudiantes universitarios, y tiene influencia directa sobre quienes los votan, sumado al efecto multiplicador en la ciudadanía.

  2. Me entusiasma mi tarea docente diaria, mis funciones y acciones relacionadas con la extensión y la divulgación de mis saberes y habilidades a la sociedad. Eso me lleva a ser optimista, de redoblar el compromiso con mi tarea y de valorar nuestro rol ante la ciudadanía. En cierta manera, la provocación que ejerce el ejecutivo (abuso de poder) sobre la comunidad universitaria, me empodera. Me da más fuerza frente a mis alumnos y a la sociedad toda. Me preocupa que algunos docentes y Franja Morada no se den por aludidos y agachen la cabeza.

  3. Más que discusiones creo que deberíamos alentar acciones que visibilicen nuestras múltiples tareas, que contribuyen a la construcción de una sociedad mejor, la propia tarea docente… ¡y todo lo demás! Podrían ser micro entrevistas para difundir en redes sociales o pequeñas intervenciones en espacios públicos estratégicos, sin olvidar que los principales multiplicadores son o debieran ser los estudiantes, en sus familias y círculos de relaciones. No siempre los alumnos tienen claro qué es lo que hacemos fuera del horario de clase.

María Pía López, profesora de Sociología de la Universidad Nacional de General Sarmiento y de la Universidad de Buenos Aires

“¿Cómo construir lo común desde y a pesar de la fragilidad?”

  1. En las universidades en las que estuve -la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y la Universidad Nacional de General Sarmiento-, tuve la impresión de que tardó en macerarse el conflicto. Fue lento, hasta desembocar en la primera marcha, donde había angustia, incertidumbre y también descubrimiento, por la fuerza. En el segundo, sentí una separación entre los grupos más movilizados -no solo de agrupaciones, también de personas que vivían con intensidad creativa y comunitaria la toma- y lxs estudiantes que no sabían qué hacer con la fragilidad. Y acá veo un punto complejo para lo que vendrá: ¿cómo construir lo común desde y a pesar de la fragilidad?

  2. Empiezo por la preocupación: el desfinanciamiento de las universidades y del sistema científico- técnico vuelve -como ya ocurrió en los noventa- muy poco deseable el horizonte de las humanidades. Si a eso le sumamos lo que aún no sabemos pensar desde la pandemia -un nuevo estado de los cuerpos, las sensibilidades, una cierta apatía o desánimo-, es obvio que estamos en problemas. Pienso que el conflicto puede ser, también, el terreno de nuevos entusiasmos, de un tejido que sacuda ese malestar que está a veces en sordina. Estuve en una actividad que organizó una estudiante de UNGS en la toma: se llamaba Cultura a la carta, y cada quien compartía un texto para discutir. Ella llevó Realismo capitalista, de Fisher, y a mí me interesó esa tensión: el libro más pesimista, en un tejido utópico 

  3. Creo que corremos el riesgo de centrar en la amenaza externa, violenta y destructiva, todos los problemas. Pero que si no hacemos un esfuerzo por volver a habitar entusiasta y críticamente las universidades, nos quedaremos sin fuerzas para resistir. Qué hacer con las tecnologías, con el modo en que modifican las lecturas, con las distintas capas de historicidad, con la relación rutinaria con el saber. Todo eso debemos pensarlo, al menos desde las ciencias sociales y humanas. Y también que hay alianzas imprescindibles en momentos de conflicto -como vimos en las movilizaciones- pero que dentro de esas alianzas hay que ser capaces de expresar las distintas concepciones de universidad.

Juan Pablo Lattanzi, profesor de la licenciatura en Medios Audiovisuales de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego.

 

 “Somos muy buenos para convencer a los ya convencidos y muy malos para hablarles a todos los demás”

  1. Trabajo en la UNTDF y vivo en Ushuaia, una ciudad sin tradición universitaria. No obstante eso, la primera marcha universitaria (la de mayo) cuentan los memoriosos que fue una de las mayores de la historia de la ciudad. Además, se acompañó de un día soleado y con buenas temperaturas (algo extraño en estas latitudes)  La segunda en cambio fue diferente. Fue grande pero no tanto como la primera. Ahí se notó un cierto cambio en el clima social. El contraataque del gobierno algún efecto surtió y la demanda de auditorías y transparencia impactó en los medios y en las redes. Por otro lado, al menos en Ushuaia, se vio (sobre todo en la segunda) poca movilización estudiantil. Hubo mucha movilización en cambio de gremios y aparatos. Cuando la marcha concluyó en la plaza cívica, frente a la Casa de Gobierno Provincial, se encontraba copada de antemano por los camioneros.
     
  2. Me entusiasma pensar que las universidades siguen siendo para buena parte de la sociedad argentina (en especial de sus clases medias) la memoria de una sociedad con movilidad social, entendida esta en un sentido democratizador y redistribuidor de los recursos materiales y simbólicos. Me preocupa la efectividad del discurso del gobierno para permear en sectores de la juventud y, por el contrario, la baja efectividad del discurso de buena parte de la oposición política y de los gremios para interpelar a sectores que no sean los ya convencidos. Retomo algo que como consejero dije este año en el Consejo Superior de la UNTDF “somos muy buenos para convencer a los ya convencidos y muy malos para hablarles a todos los demás“. Creo que no es tanto un tema de contenidos sino más bien un tema de formas. La derecha actual ha reflexionado mucho sobre eso y ha sido efectiva. Además, comprende mejor que la izquierda las dinámicas tecno comunicacionales del siglo XXI.

  3. Retomo lo último que mencioné. Creo que debemos reflexionar sobre nuevos métodos y formas de resistencia. Los viejos métodos del siglo XX (la huelga, por ejemplo) son cada vez menos efectivos. Las subjetividades y sensibilidades del siglo XXI van por otro lado. Me quedo con la performance de los estudiantes de danza de la UNA bailando en la estación de Once (y multiplicando su difusión en las redes sociales). Eso hoy impacta mucho más que la movilización de los aparatos gremiales. 

Elvio Monasterolo, profesor de la carrera de Historia de la Universidad Nacional de La Pampa

“Recuperar sentidos de lo público, más allá de su carácter estatal”

  1. El proceso de movilización en la UNLPam fue construido muy laboriosamente desde inicios del primer cuatrimestre, con reuniones de pocos números de docentes y algunos estudiantes de agrupaciones estudiantiles (en total, no más de 15 personas). Creció exponencialmente a partir de agosto (salvo el pico de la movilización de abril) y en octubre se llegó a superar los 120 docentes en asamblea bimodal (presencial y virtual), muchos de ellxs colegas que no suelen participar de asambleas y procesos de movilización, o lo hacen muy esporádicamente. La movilización estudiantil tuvo un proceso parecido, con un detalle: la aparición de grupos “anti-tomas”, movilizados bajo el argumento de su “derecho a asistir y estudiar en la universidad”. Atento ahí a los modos en que funcionan esas subjetivaciones.

  2.  Las movilizaciones del 2024, en cierto modo, revincularon a docentes, a estudiantes y no docentes desde un lugar más horizontal, a pesar de las fricciones, descontentos, enojos mutuos, etc. Me parece que el proceso construyó un modo particular de vínculos y de nuevas discusiones (“otra forma de comunidad”), y que muy tímidamente permitieron abrir charlas más allá de la “cuestión del salario y el presupuesto”, y la oposición al gobierno nacional de Javier Milei.

  3. Un desafío será expandir charlas sobre el carácter neurálgico de la institución universitaria, como fibra social. Recuperar sentidos de lo público, más allá de su carácter estatal. Sacar la discusión del nicho económico y de la relación costo-beneficio, inscriptos-egresados y esos modos de cuantificar productividad. Eso exige, también, revisar los modos de producción internos, incluso lo institucional, como el propio CONICET. Repensar las modalidades de los paros, volver a sacar los bancos y sillas al espacio público, mirar las luchas de los años 80 y 90. 

Liliana Rocha Bidegain, profesora de la carrera de Educación Física de Humanidades de la UNLP

 

“Ampliar esas redes que encuentran a la universidad con organizaciones sociales, estados locales o provinciales, comedores barriales, etc.”

  1. A lo ya sabido sobre los efectos del brutal ajuste del gobierno actual sobre el presupuesto universitarios y los salarios, es preciso reponer las dificultades crecientes de los estudiantes para afrontar el costo de vida, aumento del pluriempleo y por consiguiente la reducción de su participación en espacios optativos, pero valiosos, para su formación como ser su participación en actividades y proyectos de extensión. Esta situación nos ha puesto en la necesidad de pensar estrategias para contener y sostener desde la cátedra y los proyectos de extensión diseñando dispositivos más flexibles. La pérdida de estos espacios significa una pérdida importante para la formación académica y profesional

  2. En medio de la crisis, entusiasma ver el compromiso y fortalecimiento de redes interdisciplinarias e inter actorales que desde las universidades y facultades se vinculan para proyectar y sostener espacios de reflexión, diálogo y construcción de dispositivos y herramientas que permitan abordar los problemas con los que nos enfrentamos de un modo integral e interdisciplinario. Hay mucha gente haciendo cosas, pensando estrategias y sumándose a ampliar esas redes que encuentran a la universidad con organizaciones sociales, estados locales o provinciales, comedores barriales, etc. Preocupa la escalada del discurso de odio hacia las universidades que habilita el ejercicio de la violencia y expone a quiénes las habitamos.

  3. Como profesora y extensionista, considero relevante seguir trabajando sobre el valor y función de las universidades, no sólo en lo que refiere a la formación de profesionales y la producción de conocimiento, sino también con relación al diálogo y trabajo que las universidades realizan tramándose con la comunidad a través de la función de extensión. Frente a la narrativa de la universidad como espacio de privilegio de unos pocos, es fundamental seguir mostrando que en cada territorio, en cada barrio la universidad se encuentra con vecinas y vecinos para acompañar, resolver dilemas cotidianos, gestionar urgencias, promover derechos, habilitar espacios que permiten abordar problemáticas de salud, educación, alimentación, hábitat, violencia de género, etc.

Verónica Delgado, profesora de la carrera de Letras de Humanidades de la UNLP

 

“Preguntarnos si la eficacia de la lucha pasa, en este momento, por la movilización o por otras estrategias”

  1. En relación con las movilizaciones, me pareció significativo el carácter visiblemente intergeneracional de la concurrencia de la primera marcha del 23 de abril. Las intervenciones artísticas y gráficas fueron numerosas y efectivas ese día no sólo en sí mismas sino como constructoras de un efecto de comunidad transversal. A nivel local, la marcha de antorchas de mediados de octubre en La Plata fue un encuentro que dinamizó los vínculos con lxs estudiantes militantes en las aulas y habilitó otras conversaciones. Lo que más me llamó la atención como trabajadora fue el encontrarme en esa marcha con gente que en general nunca participa, salvo de modo testimonial desde las redes sociales. Paradójicamente creo que fue el momento en que empezó a declinar  nuestra lucha. En las aulas, la conversación sobre el conflicto no la iniciaban los estudiantes. Me pareció relevante que lxs estudiantes expresaran la importancia de  participar y, a la vez, el descreimiento de la incidencia de los reclamos y acciones. También expresaban el deseo de sostener y cuidar los espacios educativos.

  2. No sé si estoy en condiciones de ver algún indicio que entusiasme para el año próximo en tanto este año supuso un gran desgaste y  para una parte importante de la “gente de a pie” nos convertimos en miembros de la casta. El conflicto educativo y universitario no parece tener consecuencias para el gobierno. Por el contrario, creo que cuando comience el nuevo ciclo lectivo el gobierno profundizará con su campaña comunicacional contra los trabajadores universitarios y contra el sistema científico nacional.
     
  3. Tal vez habría que insistir en los efectos simbólicos y materiales de las acciones del gobierno sobre la universidad, sobre los derechos de estudiantes y trabajadores y sobre la sociedad en general. Preguntarnos si la eficacia de la lucha pasa, en este momento, por la movilización o por otras estrategias: consulta popular vinculante de alcance nacional sobre presupuesto universitario. Proponer una presencia  más activa y creativa en la comunicación social. 

Sofía Zamabosco Vaquero, graduada de la carrera de Historia de Humanidades de la UNLP

“Hacer algo ante una normalidad muy difícil de sostener en este contexto, por el esfuerzo físico y mental que genera en los cuerpos”

  1. Creo que algo muy significativo y hermoso que sucedió en la última marcha de las antorchas fue la presencia de much@s niñ@s y jóvenes estudiantes del pregrado en las columnas, con las banderas, cantando. Si estaban ahí es porque muchas familias vienen apoyando los reclamos y entienden que esta lucha de l@s docentes no es solamente por nuestro salario, sino por algo mucho más grande que es la defensa de la educación pública de calidad y que eso nos tiene que comprometer a tod@s. También me emocionó que estudiantes privad@s de la libertad hicieran carteles en defensa de la universidad para subir a redes y expresarse desde su contexto y sumar apoyos y aliento a quienes estamos en las calles. Veo puentes sensibles en ambos casos.

  2. Como primera cuestión preocupante veo que, de manera general, los sindicatos se están quedando por atrás y por momentos frenando, el impulso de muchas personas en sus lugares de trabajo y la sensación de querer hacer algo, frente a una situación agobiante y preocupante en lo cotidiano como son los bajos salarios y la sobrecarga laboral. Particularmente hablo como docente de varios niveles. Y como algo esperanzador creo que una parte importante de l@s trabajador@s viene debatiendo, intercambiando, pensando entre pares como sobrellevar y hacer algo ante una normalidad muy difícil de sostener en este contexto, por el esfuerzo físico y mental que genera en los cuerpos. Se han sumado l@s estudiantes de todos los niveles y eso es algo que me entusiasma, porque sin ell@s la universidad no es nada. Espero que puedan tenderse más puentes y diálogos en este sentido, aunque sea con las diferencias que tengamos. Lo veo como condición necesaria para lograr que se potencien los reclamos y se pueda poner un freno al gobierno nacional.

  3. Si, considero que tenemos un lugar muy importante en las aulas y fuera de ellas, para encauzar el debate y la reflexión sobre los asuntos contemporáneos y en particular, frente a esta situación, para alentar a la movilización y al activismo que vaya surgiendo del mismo debate. Es decir, las aulas son lugares en donde de por sí ya existe un piso de escucha, hay posibilidad de debate, de acercarnos, y tenemos que potenciar ese lugar para generar más creatividad, más imaginación en las luchas y también para sensibilizar a aquell@s que aun tengan dudas. Tienen que ser cajas de resonancia de lo que está pasando, además de ser por supuesto, espacios de estudio y aprendizaje/enseñanza, porque a parte de l@s estudiantes también les afecta la situación por fuera del aula. Creo que es muy importante, además, que promovamos reflexiones para pensar el desfinanciamiento de la educación pública, no sólo la universitaria, sino también de los otros niveles, para fortalecer los reclamos.

Milagros Agüero, estudiante de la carrera de Historia de Humanidades de la UNLP

 

“Las conversaciones entre diversas trayectorias permitieron una mirada de comunidad necesaria desde la cual posicionarnos”

  1. El para qué de la Historia nos acompaña desde el ingreso, por momentos parece un simple ¿por qué estudiamos esto? a título personal, pero al calor de las medidas de lucha se volvió un ejercicio urgente como futurxs docentes. En las cursadas defendimos un inicio en la docencia indisociable de la gestión de lo común y el reconocimiento de las diversas identidades que nos componen. En la marcha local de octubre, con la masividad de sus antorchas y en la primera toma de la facultad para los ingresantes pandémicos y las medidas escalonadas a lo largo de la UNLP, le dimos carnadura a nuestras certezas.
     
  2. Tanto el entusiasmo como la preocupación en relación a la situación del año entrante están atravesados por mi transición identitaria de estudiante a graduada. En ese sentido, me entusiasma alentar espacios de discusión interclaustros, en vínculo con una preocupación por la fragmentación de las discusiones y el solapamiento de las medidas de lucha. En la asamblea convocada por Guay para pensar el futuro -nudo problemático que tanto convoca- las conversaciones entre diversas trayectorias permitieron una mirada de comunidad necesaria desde la cual posicionarnos para defender la universidad pública, gratuita y de calidad.

  3. La preocupación por las discusiones a dar debe tener su correlato en la enseñanza, especialmente en Historia. Este año por demás particular, fueron pocas las cátedras que, por fuera de la adhesión a los paros, modificaron las modalidades o los abordajes de los contenidos para ‘‘dejar entrar’’ las discusiones que invadieron nuestra facultad. Para potenciar los reclamos se precisa de involucramiento transversal y cotidiano: afectar nuestra formación propiamente dicha por el estado de excepción en el que nos encontramos, porque cambiará de todos modos si no buscamos la agencia colectiva como estudiantes también dentro de las aulas. 

Felipe Venero, profesor de la carrera de Historia de Humanidades de la UNLP


“Un problema puede ser que las conducciones sindicales desatiendan el reclamo sectorial en pos del escenario electoral, cuando las luchas como la nuestra son centrales para enfrentar políticamente al gobierno”

  1. Creo que lo más relevante fue que, con debilidades y aciertos, sostuvimos un año con un altísimo nivel de asambleas en los lugares de trabajo, movilizaciones, clases públicas, etc. Es muy significativo si lo comparamos con años de quietud sindical y aceptación de todo lo que venía del Frente de Todos, que mantuvo nuestro salario en niveles bajos. La masividad del conflicto fue clave para frenar el ataque y sostener el entusiasmo, obligando al gobierno a hacernos propuestas que estaban muy lejos de los límites que pensaba cruzar.

  2. Me entusiasma el alto nivel de participación. Nacionalmente el 23 de abril fue clave, pero a nivel local hicimos una de las marchas más grandes en la historia de la ciudad el 16 de octubre. Tiendo a ser cuidadoso porque el desgaste puede ser alto y la pregunta es cómo repetir esos niveles de participación y masividad. Me parece clave fortalecer la organización en los lugares de trabajo y desde ahí marcar el rumbo de la lucha. Un problema puede ser que las conducciones sindicales desatiendan el reclamo sectorial en pos del escenario electoral, cuando las luchas como la nuestra son centrales para enfrentar políticamente al gobierno.

  3. Es fundamental que en las aulas haya un debate profundo, rompiendo la jerarquía de saberes, que es cada vez más fuerte. Además, para analizar el triunfo de Milei es necesario evidenciar y cuestionar cambios sociales profundos, más allá de los votantes. Una clave es la falta de involucramiento, que proviene del individualismo, de las redes, etc. y de la poca consciencia de la importancia de nuestra agencia. Hay que asumir que si no luchamos nadie lo va a hacer por nosotros. Y eso se logra colectivamente, no esperando que de arriba nos digan qué hacer.

Gastón Guzmán, profesor de la carrera de Ciencias de la Educación de Humanidades de la UNLP

 “40 estudiantes del primer año de un profesorado quienes discutieron entusiasmados el primer capítulo de Educación Popular de Sarmiento, publicado a fines de la década de 1840”

  1. Me interesa contar aquí una escena pedagógica que movilizó a alrededor de 40 estudiantes del primer año de un profesorado quienes discutieron entusiasmados el primer capítulo de Educación Popular de Sarmiento, publicado a fines de la década de 1840. A saber: que no puede recaer sobre una familia pobre la responsabilidad de mandar a su hijo a la escuela, que ese hijo que no asiste a la jornada escolar no afecta solo a la familia sino a la totalidad de la comunidad, que sin Educación es imposible el crecimiento y desarrollo de nuestras sociedades y que, a modo de decantación, es por eso que debe ser el Estado quien garantice la oferta y la expansión de la educación. Insisto: 5 pilares que no sólo despertaron interés, sino también entusiasmo.

  2. Aunque empecé a pensar esta respuesta atravesado por una duda (¿llegaré a ser tan creativo como para imaginar algún indicio de entusiasmo en este contexto?) creo que la respuesta está más arriba y que es importante, entonces, ajustar la mirada. Me parece clave la posibilidad de seguir trazando lazos a partir de ciertos consensos y apuestas elementales a las cuales debemos volver más allá de las diferencias. Una preocupación: el desfase entre los ritmos que supone la propia temporalidad de una construcción colectiva y amplia, y la voracidad y el ritmo del proyecto de la Libertad Avanza.

  3. Sí. Me parece clave que como docentes no sólo formemos parte de las conversaciones sino que también tengamos un lugar central en la conducción de los sentidos y orientaciones que darán forma al estado de movilización y lucha. En la misma dirección entiendo que es importantísimo que como docentes advirtamos que no se trata solamente de defender la Educación Pública y particularmente a la universidad frente a un presente que alimenta el sálvese quien pueda como proyecto de sociedad, sino la importancia que tiene volver a imaginar  y discutir la noción de futuro junto a nuestros estudiantes.

Mariana Santángelo, profesora de la UNSAM


“El silencio cada vez que hablamos sobre la coyuntura fue la nota que marcó los dos cuatrimestres”

  1. Comparto tres escenas, aun sin tener sobre ellas una interpretación clara. La primera tiene que ver con el modo en que empezamos el año. En algunas asambleas docentes o conversaciones en los equipos de cátedra circuló el temor sobre cómo establecer la conversación con lxs estudiantes. Un colega, con muchos años como docente, incluso contaba que no creía tener los recursos para llevar adelante las discusiones tal como se estaban dando en esos días y con estudiantes que, evidentemente, se percibían como actores de nuevo tipo en las aulas. Un comienzo que nos tuvo a la defensiva en muchos casos. Conforme fue avanzando el cuatrimestre esos reparos fueron esfumándose. En numerosas ocasiones llevamos al aula la situación, pero la discusión rara vez prosperó. Muchxs amigxs docentes tuvieron otra experiencia, incluso en la misma Universidad. No fue nuestro caso. El silencio cada vez que hablamos sobre la coyuntura fue la nota que marcó los dos cuatrimestres. Silencio que no obstante algunxs rompieron en las encuestas virtuales de fin de cuatrimestre. (Paréntesis: registrar estos dispositivos de subjetivación neoliberal que algunas universidades activaron hace ya mucho tiempo. Si bien no tiene sentido afirmar que es allí donde se cuecen las nuevas subjetividades, sí parecen ser una vía regia para que se canalicen o al menos se pavoneen muy cómodas. Ejemplo: la encuesta anónima y obligatoria en la que lxs estudiantes dejan su parecer sobre la cursada, como si estuviesen escribiendo en el zócalo de odio de algún diario online o en una red social.) En esas encuestas fueron varixs lxs que se quejaron por ser perjudicadxs por la protesta. Se mostraron enojadxs por la intermitencia del cuatrimestre y, también, por no haber tenido clases virtuales (una “modalidad que ahora ya conocemos bien”) para los días de paro. La segunda escena se dio en una de las pocas conversaciones que logramos tener. Un estudiante dijo comprender la demanda, pero propuso hacer “una vaquita” para ayudar con los salarios, como mejor solución que el paro. Otrx estudiante contó que lx habían echado de su trabajo. Y el relato, que parecía sumarse a la crónica de una crisis generalizada causada por las políticas del nuevo gobierno, concluyó en realidad con un realismo salvaje al afirmar que “sí, todos estamos mal”, deshabilitando la queja en una comunidad de “iguales ante el mercado”. La tercera escena es un posteo reciente. En un grupo virtual de investigadores-docentes, alguien preguntó si habían encontrado el modo de ingresar en el SIGEVA las actividades ligadas al conflicto. Había participado durante todo el año de muchas de ellas pero no se le ocurría cómo “certificarlas”.

  2. Como siempre, salir a la calle nos sacó del primer desánimo, pero estamos terminando el año sin mucho que festejar. Quizás la nota relevante haya sido el momento en que el movimiento estudiantil comenzó a activarse y sumarse a una lucha que al principio pareció sobre todo motorizada por docentes y no docentes. Fueron días de tomas, de asambleas y de entusiasmo colectivo en diferentes espacios de la universidad y fuera de ella. Pero también, volver a constatar que, por contraste, en nuestras aulas esa movilización estudiantil fue muy escasa. Y así como tomamos nota de esto, también se advirtió la flaca experiencia sindical que teníamos/tenemos muchxs docentes; como si el legado de esa experiencia se hubiese cortado o no entusiasmara del todo. Incluso en colectivos docentes muy participativos y que se han sumado a todas las medidas de lucha colectivas. A la vez, advertir que las medidas de fuerza en ocasiones se terminaron de ordenar cuando entró en escena un actor como el consejo de rectores. Algo ahí seguramente para seguir pensando. Por último, si bien la universidad es un actor sumamente complejo, me preocupa que en los argumentos que se fueron esgrimiendo durante el año se pierda de vista la defensa central de la experiencia en las aulas de grado. Es ese espacio, único, el que sigue siendo, en mi opinión, el corazón de la experiencia universitaria local (al menos de una que no se subordine mansamente a la lógica del mercado y demuestre su potencia democratizadora y transformadora). Sin embargo, no creo que el acuerdo sobre la centralidad de ese espacio sea pleno. Sería bueno poder tomar nota sobre las formas en las que esa experiencia está mutando (incluso en coyunturas tan distintas a ésta y pensadas como virtuosas), para poder decidir qué cosas vamos a seguir defendiendo.

Gabriel D’Iorio, profesor de la carrera de Audiovisuales de la Universidad Nacional de las Artes y de la carrera de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires

 

“El riesgo de transformarnos en lo que Günther Anders llamaba ‘utopistas invertidos’: seres ‘incapaces de imaginar lo que realmente estamos produciendo’”

  1. En las aulas de las universidades en las que doy clases regularmente (tanto en la UNA como en la UBA) noté estados de ánimo variados: incredulidad respecto del ataque abierto a la universidad, perplejidad y cansancio ante la situación, y a la vez entusiasmo por volver a discutir qué estamos haciendo en las aulas mismas. En otros casos (entre los que están terminando sus carreras) observé un deseo de supervivencia que generó en muchxs el empuje para acelerar el cierre de sus carreras, de hecho, participé en una cantidad infrecuente de defensas de tesis. Por otra parte, en varias clases noté unas ganas por saber y conversar que no había notado en años anteriores. Y otras expresiones, como fanzines, incipientes revistas, grupos de estudio, etc. En las asambleas docentes y estudiantiles de las que pude participar o seguir de algún modo, incluso en alguna asamblea interclaustro, las sensaciones fueron bien diferentes: entre los docentes no dejé de percibir un cierto estado de derrota, bien por la cuestión salarial, bien por la cuestión política más general. Esa sensación solo fue interrumpida por las dos grandes movilizaciones del año: abril y octubre. Entre lxs estudiantes movilizados, en cambio, observé otra cosa, la posibilidad de enfrentar las políticas del gobierno, descubrir cierta alegría (la de salir a la calle), para muchxs, nueva.      

  2. Durante el año próximo la situación va a persistir, pero atravesada por la elección de medio término. Entre los indicios que me entusiasman está el incipiente estado de deliberación y resistencia en al menos algunos sectores del campo popular respecto de las diversas medidas de ajuste que va tomando el gobierno. La cuestión que más me preocupa es la falta de disposición de algunos colegas a pensar la erosión que producen las plataformas en toda forma clásica de lo colectivo: desde reuniones de cátedra o de grupos de investigación al compromiso sindical, la movilización organizada, etc., incluso en la relación con el conocimiento de nuestros estudiantes. La permanente fuga hacia adelante puede ser, en esta ocasión, la del “mal peligro”. Demás está decir, no lo subrayamos aquí, que el estado de guerra mundial actual, que va extendiendo en forma acelerada, no puede soslayarse a la que hora de pensar algunas cuestiones “preocupantes”. 

  3. Alentar las discusiones sí, pero con una advertencia más o menos explícita respecto de la “praxis ciega”, y del “déficit de historicidad”, esto es: ante la extendida repetición de fórmulas en las que se niega a discutir su eficacia práctica y su potencial crítico, resulta necesario reponer (en la medida de lo posible evitando pontificaciones reaccionarias) el vínculo del presente con el pasado a través de los saberes históricos, filosóficos, políticos, estéticos, literarios. En este sentido, cabría decir que tanto las tomas de facultades como las movilizaciones siguen siendo propuestas válidas si de ellas participan, en su formulación y puesta en acción, todxs lxs protagonistas de la vida universitaria;  cuando se reducen a pujas entre facciones (todo lo cual está a la orden del día) se alienta el rechazo y se provoca un éxodo en el estado de discusión, a la vez que se desdibujan las controversias reales, y la exploración, en el orden del pensamiento y de la praxis, retorna una y otra vez a un punto muerto que aventura el riesgo de transformarnos en lo que Günther Anders llamaba “utopistas invertidos”: seres “incapaces de imaginar lo que realmente estamos produciendo”.

Fabio Wasserman, profesor de la carrera de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires

 “Lo más importante es no reducir el debate sobre la universidad a lo urgente e inmediato, que es la cuestión presupuestaria y salarial”

  1. Sin duda lo más significativo fue la movilización que se produjo en todo el país en el mes de abril. Y esto tanto por su masividad como por la diversidad de participantes cuyas demandas trascendían la situación presupuestaria y expresaban un malestar extendido en sectores más amplios que el universitario. Por lo que conversé con mis alumnxs (de alrededor de 20 años), para muchxs fue su primera marcha e, incluso, su primera actividad política y fue bien vista por sus familias.

  2. Lo que más me entusiasmó fue la reactivación de la discusión y la movilización tras la pandemia que había corroído los vínculos interpersonales y, sobre todo, la transmisión intergeneracional. Creo que, más allá del conflicto, contribuyó a reanimar la experiencia de la universidad como un espacio común en el que convive gente muy distinta entre sí. Lo más preocupante trasciende el ámbito universitario y es la ausencia de un polo político opositor capaz de aglutinar, representar y liderar a los sectores afectados por las políticas del gobierno nacional. En suma: lo más preocupante es la falta de política nacional opositora.

     

  3. Creo que lo más importante es no reducir el debate sobre la universidad a lo urgente e inmediato, que es la cuestión presupuestaria y salarial. En particular considero que tenemos que discutir dos cuestiones: a) hacia afuera, el lugar de la universidad en la sociedad; b) hacia adentro, cómo democratizarla incrementando la participación de estudiantes, docentes y no docentes en la toma de decisiones y en la gestión.

Agustina Menéndez Lucero, estudiante de la carrera de Sociología de Humanidades de la UNLP

“Las Ciencias Sociales pueden y deben dar respuestas en esta coyuntura de crisis”

  1. A lo largo del año, lxs estudiantes participamos de numerosas acciones colectivas en defensa de nuestra educación y de la universidad pública, en conjunto con todos los gremios de nuestra universidad. Además de la emergencia salarial y presupuestaria que atraviesan todas las universidades nacionales, este estado de movilización y lucha, permitió profundizar el fundamental debate sobre las condiciones y problemáticas centrales que atravesamos hoy lxs estudiantes cuando hablamos de nuestra permanencia en las aulas. Todo este debate sostenido en el año, nos llevó a participar de una toma activa de la facultad con clases públicas en el mes de octubre. Esta fue una de las experiencias de movilización estudiantil más significativas para mí (y creo que para muchxs otrxs compañerxs), ya que la interrupción del “normal” funcionamiento de la facultad fue motivo de discusión en las aulas, de encuentro en los pasillos, y de notable curiosidad y apoyo por parte del estudiantado. La toma fue replicada en muchas facultades de nuestra universidad en conjunto con sus gremios, con antecedentes como la vigilia previa en el Rectorado, en la que participamos más de 5 mil estudiantes en repudio a la ratificación del veto a la ley de financiamiento universitario.

  2. Los tiempos que corren están atravesados de una incertidumbre constante para todxs lxs que conformamos al pueblo argentino. Particularmente para quienes estudiamos en la Universidad Pública, la defendemos y la militamos, el año que viene representa el gran desafío y esfuerzo de seguir organizándonos sumando a cada vez más compañerxs a esta lucha. Me entusiasman los niveles de movilización y consenso que representó en las diferentes acciones de lucha de este año la universidad pública y gratuita, como una de las conquistas más grandes de nuestra historia; pero a la vez me preocupa la profundización de los discursos que la deslegitiman, desfinancian y apuestan a vaciarla. Me preocupa también el aumento de la violencia hacia nuestro pueblo, ya sea física o simbólica atentando contra los modos de reproducción de la vida, contra las formas de organización históricas y la construcción gremial, que en definitiva, son la columna que sostiene la lucha contra el proyecto del gobierno nacional en todos los frentes y territorios.

  3. Como estudiante de Sociología hay una discusión que me atraviesa y preocupa profundamente, que tiene que ver con el ataque sistemático que reciben las disciplinas del campo de las Ciencias Sociales, las cuales entiendo como herramientas fundamentales a la hora de pensar, defender y construir el país que queremos. Frente a esto y frente a las transformaciones que atraviesa nuestro mundo hoy, las preguntas que me hago, (que serán tarea y desafío colectivo darles respuesta), tienen que ver con cómo situar nuestras disciplinas en este momento de la historia, cómo repensar sus preguntas fundamentales, los sujetos, y las subjetividades a las que les hablamos. Las Ciencias Sociales pueden y deben dar respuestas en esta coyuntura de crisis; por eso es fundamental la difusión y construcción de sus problemáticas y conocimientos en vínculo con la comunidad, poniendo en diálogo e intercambiando saberes y herramientas propias de cada territorio. Las disciplinas que estudiamos al servicio de la realidad social, enriquecen y hacen más potente su propia defensa por parte de la comunidad, y visibilizan el estado de movilización y lucha en el que nos encontramos.

Jared Morro, estudiante de la carrera de Sociología de Humanidades de la UNLP

“En tiempos oscuros, rutinarios y despersonalizados, el ejercicio de humanizar lo que hacemos y defendemos me parece revolucionario”

  1. Para comenzar lo que me llamó la atención en los diferentes encuentros con compañerxs fueron los relatos de las historias de vida, de sacrificio y de lucha que significa, para quienes somos primera generación, transitar la universidad pública. Quizás suena algo obvio, pero en tiempos oscuros, rutinarios y despersonalizados, el ejercicio de humanizar lo que hacemos y defendemos me parece revolucionario. Asimismo, el escuchar estas realidades me permitió encontrarme y darme cuenta de que somos muchos los que venimos de abajo, con mucho sacrificio de nuestras familias, y que mediante el ejercicio de humanizar y sensibilizar a los propios y no tan propios logramos que se entienda lo importante que es defender la universidad pública y que esta siga llegando a quienes más la necesitan.
     
  2. Creo que lo que más me entusiasma es que a lo largo de todo este último tiempo logramos construir una base de comunidad organizada, entre estudiantes, no docentes, docentes, familias y muchas personas que no transitan la universidad pero si comprenden la importancia de ella para el desarrollo propio y colectivo. Además de que logramos que el movimiento estudiantil y universitario sea símbolo de resistencia y lucha para defender el derecho a la educación superior para todas y todos. La preocupación que me genera es no saber hasta qué punto está dispuesto llegar este gobierno a expensas del empobrecimiento y sufrimiento de las personas que ponen el cuerpo de sol a sol para llegar a fin de mes y sostener a sus familias.  Sobre cada uno de nosotros recae la responsabilidad de defender la universidad y a quienes la hacemos todos los días. Además de construir los canales de comunicación que contribuyan a la reconstrucción del lazo social con cada persona que habita nuestro territorio.
     
  3. Pienso y estoy seguro que tenemos que ocupar cada uno de los espacios y medios que tengamos a mano para salir a militar la importancia de nuestros roles, tareas, aportes y especificidades como estudiantes, como profesionales y como trabajadores. En este sentido, los posicionamientos y estados de situación fueron claves este año para potenciar la lucha. Sin embargo, hoy son recursos que se encuentran agotados y que vemos que no le llegan al grueso de la ciudadanía. Por lo tanto, considero que es clave usar estrategias nuevas como por ejemplo ocupar los medios de comunicación para discutir, derribar mitos y potenciar la lucha. 

Nahuel Barrientos, graduado de la carrera de Filosofía de Humanidades de la UNLP


“Me preocupa no tener claridad de si estamos realmente abordando y discutiendo las causas, las condiciones y situaciones que posibilitaron que lleguemos a donde llegamos”

  1. En una de las Jornadas de protesta que les docentes llevamos a cabo en el marco de las primeras medidas de lucha que definió nuestro sindicato en asamblea, surgió un debate muy heterogéneo en el aula. Desde el rol docente, abonando a la participación activa de les estudiantes, sólo intenté moderar el intercambio y, a lo sumo, incorporar alguna información o variable para el análisis de la situación universitaria. Por un lado, apareció el debate por el arancelamiento, con distintas posturas y matices. Sobre todo me pareció preocupante el corrimiento de lo público en las concepciones generales más allá de las posturas particulares. Y por otro lado, emergió la cuestión del salario docente como una preocupación compartida entre las distintas posturas. Denominador común que fue cada vez más fuerte con el correr de los meses de la lucha por la defensa de la universidad pública.

  2. En primer lugar, construir el entusiasmo es una necesidad fundamental para sostener lo que se viene. En segundo lugar, se debe construir a partir de las certezas que sí tenemos. Creo que, una de ellas, es nuestra comunidad universitaria con su propia vida movilizante y movilizadora. Y en el aula, esa comunidad se sostiene en el diálogo constante, en el debate comprometido, sabiendo que la salida sólo puede construirse colectivamente. Me preocupa el nivel de agresividad del gobierno nacional hacia el conjunto del pueblo argentino; me preocupa no tener claridad de si estamos realmente abordando y discutiendo las causas, las condiciones y situaciones que posibilitaron que lleguemos a donde llegamos.

  3. Creo que es importante poder reconocer que nadie, hoy por hoy, tiene una respuesta acabada de cómo realmente hacerlo. Desde ese estado de situación, lo que intentemos tenemos que intentarlo todes juntes, pero no a cualquier costo, reconociendo las deudas pendientes y las tareas inconclusas. Un ejercicio imperioso es escuchar y tratar de interpretar lo que este momento histórico nos está diciendo, sin desechar toda la historia acumulada pero desafiándonos a construir nuevas síntesis históricas, porque en definitiva, en y desde la política podrán configurarse las alternativas que recuperen la necesidad de una universidad pública y de un conocimiento soberano.

Manuela Bértola, estudiante de carrera de Sociología de Humanidades de la  UNLP

“Romper con la inmediatez de las conflictividades y devolverles un abordaje situado e histórico a las luchas”

  1. Cosas envueltas en sorpresa ocurrieron a lo largo del año en diversos espacios, -propias entiendo de este año atípico-. Entre ellas, destaca la primera marcha federal universitaria del 2024. Por la convocatoria, pero también por la recepción de la gente a las miles y miles de personas que arribaban a la capital. La bienvenida con carteles de apoyo desde los balcones de Recoleta, las señoras coquetas agitando libros y joyas que adornaban sus manos entre pancartas y bombos, y el aire festivo de respirar colectivamente por una misma causa, aun en el marco de una marcha signada por demandas. Paralelamente también llamó mucho mi atención, la apatía inversa luego de la efervescencia dentro de algunos -pocos según mi registro, pero algunos al fin- propios estudiantes universitarios, los reproches al paro y la demanda de recuperar los contenidos perdidos producto de las medidas de lucha.
     
  2. En relación al estado de movilización propio de este año y a vistas de su continuación, empezando por el lado de las preocupaciones, me parece que es necesario pensar en espacios dentro de la facultad que profundicen la discusión y la articulación interclaustro, fortalecer las solidaridades ya existentes entre estudiantes, no-docentes, docentes y graduados, a fin de consolidar un músculo de apoyo en las luchas y demandas compartidas, pero también en las demandas singulares. La inminencia de fortalecer esa articulación es a su vez, también, donde vuelco el entusiasmo. Pensando concretamente en los puentes construidos como punto de partida desde donde caminar para adelante. Entendiendo que la unidad como plataforma de acción, es ni más ni menos que la contracara al modelo individualista insignia del discurso dominante y de turno, que como buen signo de época moldea las formas de relacionarnos y de pensar incluso los colectivos.
     
  3. Como estudiante, creo, tenemos que reconstruir la discusión política en un sentido complejo, romper con la inmediatez de las conflictividades y devolverles un abordaje situado e histórico a las luchas. Volver a poner la historia de la universidad pública en el centro de la discusión precisamente desde la historia y no como respuesta defensiva a los permanentes ataques, -insisto, esto dentro del territorio estudiantil-. Volver a contar desde dónde venimos, para intentar señalar cuales son los horizontes de deseabilidad posibles en el marco de la soberanía del conocimiento o del saber. En este sentido también, creo que es importante buscar vías de circulación del saber por fuera de los circuitos académicos y de forma complementaria, para, justamente, fortalecer los lazos comunitarios.

Sol Maluéndez, graduada de la carrera de Ciencias de la Educación de Humanidades de la UNLP

“Que nuestros reclamos trasciendan su dimensión corporativa y movilicen a millones de personas. Millones incluyendo a personas que no transitaron la universidad pero que aun así la conciben como un bien común de nuestra sociedad”

  1. Aunque soy graduada de la FaHCE este año transité frecuentemente la Facultad de Ciencias Médicas. En algún momento de octubre, en las semanas entre tomas y asambleas, pedí un remis a través de una aplicación y viajé con un varón de aproximadamente 30 años al volante. Me subí en la puerta de la Facultad, justo al lado de una clase pública organizada por la Facultad de Ciencias Naturales que ocupaba la mitad de la Avenida 60. Lo primero que me preguntó, con la peor de las ondas para decirlo llanamente, fue “¿quiénes son los que organizan estos cortes en la calle, las marchas? ¿Son los alumnos o los docentes?”. Su tono molesto y cansado sugería que no simpatizaba mucho con las manifestaciones que llevaba adelante la comunidad universitaria. Le contesté que “los que organizaban” éramos todos, docentes y estudiantes, que unificábamos medidas de protesta por el presupuesto de la universidad, tanto para su funcionamiento como para el salario de sus trabajadores. Silencio. Me intrigaba lo que pensaba y le pregunté, “¿sabes cuánto gana un docente universitario?”. “¿Uno mal pago?” me responde, y cuando le digo que piense en un salario promedio, en algo general, me dice “y… mínimo 2 millones de pesos”. Me reí sorprendida y le dije que un docente que por ejemplo tenía a cargo 4hs de clases por semana ganaba más o menos 200 mil pesos. No lo podía creer. “Entonces está perfecto todo el quilombo que hacen”, me dijo con efusividad. Conversamos todo lo que duró el viaje. Me sorprendió que, habiendo pasado tantos meses desde el inicio del conflicto con un alto nivel de intervención pública, una persona sostuviera en su imaginario de lo normal una realidad tan desfasada de lo que verdaderamente sucede en las aulas de la universidad. Agradecí haber sostenido la conversación a pesar de su mala primera impresión, y confirmé que aunque nuestro reclamo sea de los más multitudinarios en este presente todavía tenemos muchas personas de a pie por escuchar, convencer e interpelar. 

  2. Lamentablemente me es difícil encontrar indicios entusiasmantes al imaginar el año próximo, porque el ataque que recibimos fue orquestado por un gobierno que finaliza su primer año consolidándose y legitimando gran parte de las decisiones atroces que padecimos. Sin embargo, si repasamos mes a mes cuáles fueron las disputas (todas tan simbólicas como materiales) que el gobierno nacional libró contra distintos sectores, en el caso de las universidades nacionales no sólo le pusimos un freno a la ofensiva sino que también logramos que nuestros reclamos trasciendan su dimensión corporativa y movilicen a millones de personas. Millones incluyendo a personas que no transitaron la universidad pero que aun así la conciben como un bien común de nuestra sociedad, una pieza decisiva en el tablero donde lxs jóvenes nos jugamos nuestro futuro, un elemento constitutivo de la identidad de nuestro país que vamos a defender ante cualquier amenaza. El año pasado, durante la campaña, me generaba mucho disgusto nuestro uso excesivo del registro ‘en defensa de…’ para pedirle a la sociedad que nos acompañe electoralmente. Sentía que era sólo un reflejo ante la falta de iniciativa, que no lográbamos formular una propuesta, que estábamos estancados en ‘cuidar lo que tenemos’ sin reconocer que a la mayoría le faltaba (y le sigue faltando) casi todo. Creo que este año hicimos que la defensa no sea sólamente un reflejo ante una amenaza sino una acción convocante, un motor de conversaciones y discusiones, una convocatoria a crear nuevas formas de manifestarnos por lo que consideramos que es justo. Me entusiasma pensar que el recorrido atravesado durante el año le va a permitir a los frentes intergremiales o a los ámbitos institucionales de funcionamiento de las universidades, entre otros espacios, dar un paso más y delinear nuevas y mejores estrategias para profundizar la construcción de sentidos por lo público y lo común que comenzamos a trazar. 

  3. Durante el año desde varios sectores, y en el caso de nuestra Universidad desde el gremio estudiantil particularmente, se hizo mucho hincapié en el rol de la universidad para la movilidad social ascendente de la población. La reconstrucción de trayectorias individuales donde la formación universitaria marcó un antes y un después produjo una sensibilidad necesaria, tanto para movilizar personas como para generar un sentido de pertenencia y fidelidad con la universidad como institución. En este sentido, desarrollar discursivamente el valor y la relevancia de la universidad como institución pública que produce conocimientos y forma profesionales para el desarrollo soberano del país tiene una gran potencia. Cotidianamente todas las universidades sostienen distintas funciones que impactan en la vida de millones de argentinxs, incluso de quienes no la transitan por su formación o desempeño laboral. Las acciones y actividades vinculadas con la extensión, por ejemplo, dan cuenta del grandísimo aporte que el sistema universitario sostiene para con el desarrollo de nuestra comunidad. Creo que recuperar las funciones de la universidad más allá de la enseñanza nos puede permitir diversificar estrategias de manifestación, contemplando dentro de las mismas un debate amplio y abierto en ámbitos que vayan más allá de los que regularmente nos encuentran. 

Antonio Camou, profesor de la carrera de Sociología de Humanidades de la  UNLP

 

“Una confrontación estratégica central será la de disputarle a Milei los sentidos y el territorio (político, geográfico, digital) de ‘lo nuevo’”

  1. Cada dos años -en el marco de un proyecto de investigación- realizamos entrevistas a militantes universitarios de cuatro diferentes facultades. ¿Qué nos dicen les militantes? Por un lado, la impugnación a las políticas oficialistas y la necesaria continuidad de medidas que hagan patentes los recortes presupuestarios contra la universidad; por otro, la aceptación de que un porcentaje variable y nada desdeñable de estudiantes (según cálculos de les militantes, el apoyo al gobierno oscila alrededor de un 30% del estudiantado) los obliga a mantener una actitud de prudencia definida por un tiempo de “espera”, de ver cómo viene el año que viene, de ver cómo se puede volver a ganar a esa franja que apoyó a Milei en 2023, etc.

  2. El apoyo en ciertos sectores estudiantiles a las políticas generales de Milei se explica como rechazo general a “lo anterior”: inflación, estancamiento económico, corrupción, etc. Pero hay un rechazo específico a las políticas del gobierno contra las universidades, la ciencia y la tecnología, el ahogo presupuestario a la investigación, etc. Creo que por esa fisura habrá que seguir construyendo políticamente en el difícil año que se inicia. A mi juicio, una confrontación estratégica central será la de disputarle a Milei los sentidos y el territorio (político, geográfico, digital) de “lo nuevo”. Si Milei (o sus candidaturas) aparecen del lado de lo “nuevo”, y las oposiciones insisten con algunas gastadas figuras viejas, le estaremos dando al oficialismo una peligrosa ventaja electoral.
     
  3. La prédica gubernamental en el sentido de que las universidades “no se dejan auditar” caló en ciertos sectores de la ciudadanía que no podemos darnos el lujo de perder. Por eso, separar la paja (el problema del desfinanciamiento de la universidad y la ciencia) del trigo  (las universidades debemos manejarnos con transparencia y eficiencia) creo que es parte de la discusión que hay que dar. 

León Lewkowicz, estudiante de la carrera de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires

“¿Qué pasa cuando a nadie parece pasarle nada con la toma de una facultad?”

  1. Jornada de clases públicas en Plaza de Mayo, pizza en Las Cuartetas un poco quemada. No es como antes, parece, o lo que nos acordábamos que era antes, pero igual, muzzarella, comemos. Una conversación a las apuradas, entre varios estudiantes y docentes. El tema es el mismo que acá nos convoca: entusiasmo, decepción, la vitalidad de lo que estaba pasando. Del lado docente, entusiasmo y ganas sobre la transversalidad. A la inversa, los estudiantes desesperanzados, sosteniendo (o no tanto) sin ganas. Algunas preguntas funcionan para resumir lo que ahí se habló: ¿qué entusiasmo pueden tener esas medidas de lucha desde tanta conjunción y articulación? ¿De dónde sale el entusiasmo cuando no hay ni resistencia ni oposición, sino sólo apoyo desde las gestiones y silencio desde el adversario? ¿Qué pasa cuando, generalicemos, a nadie parece pasarle nada con la toma de una facultad?

  2. Me parece que esa “transversalidad” -en todo sentido: sectorial, territorial, política- es lo que entusiasmaba en general, sobre todo en las movilizaciones de abril. Sigue siendo así, y parece que es este el conflicto que empieza a entusiasmar a las camadas que entraron a la universidad durante o después de la pandemia. Ha sido, efectivamente, el momento de mayor actividad política desde aquel momento. Pero también, como decía arriba, tiene una veta preocupante: alta actividad de baja intensidad. Creo que a diferencia de movimientos de los años anteriores, también “transversales” pero más vitales, parece todavía costar conectar con discusiones fuertes y reales que activen entusiasmos colectivos.
     
  3. Y del mismo modo que dije recién que faltan discusiones, confieso acá mi perplejidad. No sé ni creo poder saber cuáles serán. Eso sí. Una inquietud repetida en conversaciones: quizás la universidad (o algunas de ellas) no se condice con la foto con la que la pensamos. Pienso, sobre todo, en que quizás sería importante pensar en qué condiciones económicas y vivenciales dejó la pandemia a todo esto: las ganas de ir a cursar, de estar ahí, comillas, presencialmente. Y al mismo tiempo, al revés, qué le hace lo virtual a todo esto, a los vínculos que nos dejó entre nosotrxs. 

Los escudos de distintas universidades nacionales que ilustran esta nota, los encontramos y relevamos en las calles y las redes sociales durante los meses de mayor movilización. En particular, los de la Universidad Nacional de La Plata formaron parte de una acción gráfica colectiva de la cátedra Artes Combinadas -Facultad de Artes, UNLP- en la que las intervenciones sobre el escudo realizadas por lxs estudiantes se convirtieron en carteles para marchar, y conformaron una pegatina en las cercanías de la facultad.