CLITERATURA/HISTORIA
AGUSTINA ALEGRE Y LUCÍA FAYOLLE

Historia feminista de la literatura argentina. En la intemperie. Poéticas de la fragilidad y la revuelta (2020)
de Laura Arnés, Nora Dominguez y María José Punte

     Cuando nos acercamos a esta Historia feminista de la Literatura Argentina, estamos listas para desarmar los preconceptos sobre qué es y cómo se hace, cómo se escribe y se lee la literatura, la crítica y la historia. Porque adjetivarla de feminista es alertar una nueva perspectiva. En la intemperie (el cuarto de sus seis tomos), como era de esperar, rompe con todas las linealidades. Tiene mucho de Historia pero se mueve a través del tiempo de una forma decididamente alternativa. Elegir un orden temático más que cronológico y construir un presente de treinta años permite ir y venir por los tiempos, releyendo para atrás y para el costado en cada uno de los comentarios. A su vez, no pretende nunca (en ningún momento) abarcar una totalidad. Es un proyecto, una entrada posible, un laboratorio, un artificio. Y lo dice: se nombra proyecto. Muy de feminista esto de hacerse cargo y bandera del lugar desde el que se habla. Muy de feminista esto de no pretender abarcarlo todo porque le que mucho abarca poco aprieta. Hay un recorte, claro, como en toda Historia. Pero acá es explícito. 

     Un recorte con mucho de Literatura. Pero otra, porque se construye un canon propio que se recorre, reitera y rehabita. Están LAS escritoras feministas del presente: Selva Almada, Gabriela Cabezón Cámara, Samanta Schweblin, Mariana Enriquez, Ariana Harwicz, Leila Guerreiro, María Moreno. Se las comenta desde montones de ángulos, como si se charlara sobre ellas en una enorme mesa de lectores heterogéneos que tienen mucho para decir porque hay mucho para decir. Pero también se fuga hacia otras escrituras y oralidades, que abren el diálogo hacia territorios novedosos: la novela romántica actual y sus clubes de lectura; las escrituras de hijas (de H.I.J.A.S) y sus perturbaciones de los discursos de la memoria; las escrituras trans cuyo primer gesto ha sido la cuña, la marca, el garabato sobre el cuerpo para devenir territorio; y las alianzas poéticas de comienzos del siglo que han hecho del poema un gesto de irreverencia.

     Tiene mucho de crítica pero En la intemperie se para “Ante la crítica” y la abre. Construye nuevas genealogías y archivos, más allá de la tradicional y masculinizada “ciudad letrada”. Y no solo el corpus se renueva y feminiza sino que también se abren las voces y escrituras convocadas a escribir crítica literaria. Esta historia se construye como un diálogo de límites difusos entre las escrituras de escritores, militantes, periodistas, poetas (y poetisas), psicólogues, editores, guionistas, docentes. Escritores de haceres múltiples, que entran y salen de la academia, de la universidad, del consultorio, de la escuela, de la calle. Queda la puerta abierta, para que vaya y venga la brisa, para que la crítica se pueble de voces diversas. La cuarta parte de este libro, “Ante la crítica”, funciona como una puesta en abismo de todo el libro: una revisión de la “ciudad letrada”, unas notas de escritura para una novela anotada, un poema que es también crítica (literaria y en general) y un comentario sobre la novela romántica actual, hecho por una editora de este tipo de novelas. Esta heterogeneidad desjerarquizada es transversal a una historia donde la crítica la hacemos todes.

     La nuestra es una lectura que sigue con este ímpetu de conversación y construcción colectiva. La charla de nuestra lectura propone tres nociones que permiten recorrer este libro de una de las maneras posibles: intemperie, afectividad y presente.

     La intemperie es una imagen de apertura. Abre el libro en sus imaginaciones políticas, afectivas, éticas, eróticas. No hay bordes. No hay apresamiento de sentidos. Todo es deriva a cielo abierto. Sin embargo, en esta apuesta, la perspectiva feminista no olvida sus responsabilidades. Porque Historia feminista de la literatura argentina es de un enorme compromiso con la literatura, la política y la vida. Es por eso que En la intemperie se escuchan los poemas del colectivo “Poetas por el derecho al aborto legal” de los Martes verde frente al Congreso.  En su vínculo con el presente, la literatura y la poesía se deshojan en la calle y nos recuerdan a las vanguardias históricas en su gesto de reconciliar el arte con la vida. 

     Si la poesía se vuelve una fuerza vital y política en nuestras luchas, la historia feminista nos conduce a otras resonancias, nos obliga a mirar a aquellas experiencias que abrieron el camino. De allí los encuentros de poesía de finales de los ‘90 y comienzos de los 2000, que se consolidaron como verdaderas alianzas, tal como dicta el título del primer apartado del libro. Alianzas fueron las del proyecto editorial de “Belleza y felicidad” a cargo de Fernanda Laguna y Cecilia Pavón. Alianzas fueron también los circuitos poéticos de “Zapatos rojos”. Las alianzas como pactos, asociaciones y acuerdos. Es que en aquel contexto neoliberal de aislamiento y precarización, las alianzas fueron las respuestas y los gestos políticos. No sólo de disputa de espacios al mercado capitalista, sino también de innovaciones formales. Un tono de irreverencia se impuso como forma frente a lo serio y sublime de la poesía. Si ocupar la lengua implica reinventarla, las alianzas nos remiten a su otra acepción, la de un compromiso en la creación.  

     Estas experiencias poéticas del pasado y el presente posibilitan que el poema se desterritorialice de la hoja para formar un nuevo territorio en el cuerpo. Ponerle el cuerpo a la poesía implica apostar por las emociones. Porque el poema encarnado se reinventa en lo afectivo. Y esta historia feminista se construye en base a eso. Sabe que el cuerpo deviene escritura, textura y deseo. En este punto no podemos dejar de mencionar las escrituras trans cuyos primeros garabatos se dibujan en el mismo cuerpo. Pero además, lo afectivo vuelve a conducirnos a las alianzas porque si se lee poesía con el cuerpo es de forma colectiva. 

     La literatura constituye aquel espacio en el que todas estas inscripciones tienen lugar. Y no solo ella se convierte en un terreno de posibilidades, desde esta perspectiva feminista la crítica literaria ha demostrado sus potencialidades imaginativas. Traza nuevas constelaciones sobre la historia de sentidos comunes. Construye territorios inesperados a partir de líneas que fugan. Vuelve a la tradición para mapear nuevos escenarios. 

     En el capítulo 3 llamado “Territorios generizados”, las lecturas se focalizan en cómo las narrativas del siglo XXI han resignificado los espacios producidos por una literatura nacional. De esta forma, se vuelve hacia los imaginarios tradicionales del campo, el desierto y la frontera. Estas reconfiguraciones suponen un nuevo tipo de exposición al peligro. La intemperie, en este caso, conlleva la precariedad de los cuerpos. Mientras que en la literatura de Selva Almada el litoral se construye como el escenario del femicidio, el espacio rural representado en novelas como Noxa y Distancia de rescate, exhibe los efectos nocivos de las economías extractivistas: cuerpos expuestos a altos niveles de envenenamiento. Al apuntar a un campo más desnaturalizado, estas lecturas críticas abren y complejizan las categorías de lo natural y autóctono, lo transgénico e implantado. 

     La misma mirada crítica atiende a las representaciones del orden de lo doméstico que aparecen en las literaturas de Vera Giaconi, Rosario Bléfari, Ariana Harwicz y Marina Yuszczuk. Los límites entre lo público y lo privado se borronean y en su lugar, lo íntimo se impone como fuerza disruptiva. Lo familiar asume un carácter siniestro y revela la alteridad constitutiva del sujeto. Desubjetivación y realismo microscópico son las claves que atraviesan este universo feminizado. Frente a las representaciones del hogar como unidad (re)productiva capitalista de contornos privados, individuales y contractuales, estas literaturas admiten otras derivas que desintegran las condiciones de sujeto, objeto y espacio. 

     Y todo esto se escribe en presente y en presencia. En y desde la misma intemperie en que emerge la literatura comentada. Van y vienen, historizan lo que se escribe en un presente decidido de treinta años, en democracia y con el camino abierto para nuevos territorios y desplazamientos afectivos. En “Desechos neoliberales, por ejemplo, se escribe en presente y la escritura se opone y es resto de un neoliberalismo con antesala en los noventa y revitalización en el Macrismo. El presente que construye esta historia abre y cierra en los neoliberalismos: una intemperie en la que la afectividad se vuelve combativa, para “hacer concha” todo el odio y la precarización de los cuerpos que no importan, los descartados y los residuales. Una escritura en presente y presencia nos resulta tan fuerte hoy, nos golpea porque hay un cambio de contexto: no hay Macrismo pero sigue la precariedad de las vidas; no hay presencia porque acecha una pandemia que ha convertido al afecto en un contacto peligroso. Este es un libro escrito en presente y presentado en la virtualidad. 

     En el cuarto tomo de la Historia feminista de la literatura argentina, encontramos un libro en el que la intemperie es más que un cielo abierto. Es una arquitectura de la fluidez, de la imaginación política y crítica. Volvamos una vez más a las vanguardias para sentarnos otra vez alrededor de la mesa de Lautréamont. Sobre esta mesa la crítica feminista rearma, rediseña y recupera archivos. Pero principalmente traza un modo de lectura atento a lo contingente y, por lo tanto, rompe toda linealidad histórica. En su lugar, las series se construyen a través de cortes problemáticos que asoman como témpanos a la superficie. Romper la cronología no es negar la historia, porque la verdadera historia se mueve por saltos y retrocesos. Es anacrónica porque histórica. Y es en ese movimiento que prevalece la afectividad como recorrido posible: inventa otros modos de pensar lo literario, dispone nuevas formas de relación, disputa sentidos y construye una trinchera abierta para sobrevivir en la intemperie. 

1 Como se nombra Tamara Kamenszain a sí misma y a otras tantas en “Las nuevas poetisas del S.XXI” en la sexta parte de este libro.

AGUSTINA ALEGRE

Es estudiante avanzada del Profesorado y la Licenciatura en Letras. Miembro del proyecto de investigación“Perspectivas históricas en torno a las colecciones: Editoriales, bibliotecas y lectorados en Argentina (1880-1955)”.

LUCÍA FAYOLLE

Es profesora en Letras en Educación primaria, secundaria y superior. Miembro del proyecto de investigación “El archivo como política de lectura. Reformulaciones teóricas y metodológicas en América Latina en torno a Archivos de escritores y artistas”.